Por Luján Román
Un lugar de alegría es el Ykua de la Virgen para María Ángela Fariña. Sentada casi frente a la fuente de los milagros, la abuela, de 81 años, es una de las vendedoras de botellas más conocidas de Caacupé. Desde hace años es común verla en el sitio de los buscadores de milagros. Ella también llegó al lugar en busca de uno.
La custodia del Ykua resume en guaraní todo el amor que siente por la Inmaculada Concepción: “che pohã la Tupãsy, che rakate’y hese”. El comercio religioso es su fuente de riqueza. Desde que inició diciembre, se muestra más feliz que nunca porque aumentan la gente y las ventas.
“Vengo aunque llueva acá, estoy feliz en el Tupãsy Ykua, si no vengo me enfermo”, revela la mujer que este año agradeció a los pintores que hermosearon el sitio. “Iporã, del corazón ha’e chupekuérape”. La octogenaria cuenta que mucho ya trabajó para solventar a los 9 hijos y a otros 7 chicos que crió, así fue que gracias a la Virgen hasta su casa construyó. Este amor por la Virgen se transmite de familia. Junto a su padre, ayudó a cargar sobre su cabeza las piedras de lo que hoy es el Santuario.
María Ángela cree que el agua de la Virgen es milagrosa. Una vez cuando se sintió mal, corrió hasta la fuente, bebió un trago de agua, se derramó otro poco y se curó. En guaraní cuenta con detalle: “Ko y che monguera, aguereko mba’asy, ijapapa che hegui che rova, umi hilocha ojestirapa, ha adipará ha’u un trago ha akuera. Che derramese pero ndojehúi chéve mba’eve. Hai’u ha añohê chejehe. Ha nañanduvéima mba’eve. Apeko un lado ijýke ojestirapa. Che ha’e pohã la Tupãsy, ha che rakate’y hese”.
El cariño que siente doña María Ángela por el sitio va mucho más allá de lo material, de hecho casi se murió cuando dijeron que se cerraría. “Nos manifestamos y unimos porque el agua cura, es nuestro remedio”.
El puesto de María Ángela se encuentra en la placita ubicada frente al Ykua. Es el rincón azul. Las botellas, el delantal, la ropa, la pañoleta, la aureola de sus ojos, ella es azul. Ese color la distingue. La vendedora liberal ya hizo buena venta durante la novena. Ella junto a su hermana Luisa Fariña son las más antiguas del lugar.
La vendedora de botellas ofrece sus bidones más grandes con forma de la Virgen a G. 15.000, el mediano a G. 10.000, a G. 5.000 y el más pequeño a G. 3.000. Como en todas las vísperas de la solemnidad de la Virgen, María Ángela sale de casa, reza un poco. Hace la señal de la cruz, pronunciar el Padre Nuestro con énfasis, “ha Tupãsyme Dios te salve María”, hasta llegar a su puesto.