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La crisis educativa no se arregla solo con Petta pidiendo disculpas

Tras las insistentes versiones de su posible destitución a raíz del escándalo provocado por los errores detectados en libros del Ministerio de Educación y Ciencias, el ministro Eduardo Petta salió ayer a pedir perdón por sus actitudes de arrogancia y “mal carácter”, como un modo de zanjar el problema. Sin embargo, la situación no se resuelve con simples disculpas ni con la orden de suspender la distribución de los materiales pedagógicos con errores, sino enfrentando decididamente la crisis educativa con personas técnicas capaces al frente, que puedan revertir el triste cuadro de que el Paraguay sea uno de los países más atrasados en materia de educación. Es algo que Petta hasta ahora no ha demostrado.

Un nuevo escándalo ha sido considerado como supuestamente concluido por el ministro Eduardo Petta, al salir ayer ante las cámaras de televisión a pedir públicamente perdón por sus expresiones, al haber dicho que son los escolares quienes deben corregir los libros con graves errores que fueron editados por el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC).

El gesto de reconocer errores y de pedir disculpas, incluso de admitir que tiene “mal carácter” y que necesita corregirlo, es destacable en una autoridad del Gobierno, pero no se puede dejar de señalar que el ministro Petta lo tuvo que hacer luego de una andanada de críticas expresadas desde distintos sectores de la sociedad y ante las fuertes versiones que hablaban de su presunta sustitución, tras situaciones que resultaron bochornosas para el país ante organismos internacionales como la Unión Europea, que financió la edición de unos 530.000 libros a un costo de casi un millón de dólares, pero que se imprimieron con numerosos errores básicos, “horrores” según los expertos.

Como venimos señalando, no se trata solo de un caso de errores detectados en los materiales, sino es el mismo sistema educativo el que se encuentra en profunda crisis, una situación que no se arregla solo con un pedido de disculpas, ni con ordenar que se suspenda la distribución de los libros con errores para volver a corregirlos y volver a imprimirlos en parte, aunque es mucho dinero que se echa a perder por no haberse tomado el trabajo de verificar bien los contenidos antes de la edición final.

No es esencialmente el mal carácter ni la arrogancia de una persona lo que se cuestiona, sino que a casi dos años de gestión no se vean los resultados de su trabajo, que ayuden a levantar la crítica situación en que se encuentra el sistema educativo, a pesar de que el propio presidente de la República había prometido que la educación iba a ser “una causa nacional” prioritaria para su gobierno.

Este no es el primer caso bochornoso que envuelve a Eduardo Petta. Basta recordar el lamentable enfrentamiento mediático que mantuvo en noviembre de 2018 con su entonces viceministra de Educación, Nancy Ovelar, quien hizo serios cuestionamientos a la gestión, señalando la falta de liderazgo y la poca preparación del ministro en cuestiones pedagógicas.

A pocos días de reiniciarse las clases, los 530.000 libros que debían ayudar a mejorar el sistema de enseñanza deberán quedar guardados hasta que puedan corregirse. La situación de falta de rubros y de pésima infraestructura en muchos locales escolares no ha cambiado mucho. El Paraguay sigue siendo uno de los países que menos invierten en Educación (apenas un 3,7% del PIB, frente al 7% y hasta 9,8% que recomienda la Unesco). Mientras, el MEC se sigue debatiendo entre conflictos internos, intereses políticos y bochornosos escándalos.

Al ministro Eduardo Petta se le puede perdonar su arrogancia y su mal carácter, pero difícilmente se le podrá disculpar que no haya logrado crear las condiciones para que se pueda mejorar sustancialmente la educación, una cuestión clave para el desarrollo del país. El presidente Mario Abdo Benítez es el responsable de mantenerlo en el cargo. Definitivamente, la educación sigue sin ser una “causa nacional”.

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