11 may. 2026

La carne de la dignidad y de la indignidad

Por Mario Rubén Álvarez | alva@uhora.com.py<br/><br/>Más que carne – que en el Paraguay automáticamente significa la vacuna, como si las de pollo, guinea, oveja, pato, cabra o cerdo no lo fueran también– , la palabra más zarandeada en estos últimos días fue dignidad.<br/><br/>"Actuaron sin dignidad”, “Asumieron una postura digna”. Fueron los juicios – como condena o absolución– que más se escucharon en torno a la actitud que las personas o comunidades asumieron con respecto a la imposición del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) a los Zavala. Negro o blanco. <br/><br/> Los dos polos más notorios de las transmisiones tipo partido de fútbol o carnaval que hacían algunos medios de información para establecer comparaciones fueron el barrio Ricardo Brugada y la etnia Mbya Guarani del departamento de Concepción.<br/><br/>En el espacio ubicado en el riñón de la capital, algunos fueron a formar fila para recibir su ración. Tal como en una justa – que no siempre tuvo la virtud que también designa esa palabra– electoral, los avivados hicieron girar la “calesita”. Cuando apareció la tinta indeleble, algunos ya habían repetido varias vueltas sin haberse mareado. <br/><br/> Los herederos del Ayvu rapyta – los Mbya Guarani– ; los hijos del verdadero padre Ñamandu, creador de las llamas, la tenue neblina, el lenguaje y cuanto hay sobre y dentro de la Tierra, sin embargo, se negaron a ser regalados a pedido del EPP y a pedido de las circunstancias (algunos ganaderos les ofrecieron carne y lecheras). <br/><br/> A los primeros se los acusó de no comportarse con dignidad; a los herederos de Padre Último–Último Primero, en cambio, se les llenó de elogios por asumir una conducta de dignidad.<br/><br/>Pero, mba′e piko la dignidad. Mirando su condición dentro del castellano, es una palabra abstracta. Habla de todos pero no se refiere a nadie en particular. Eso sí: se presta para ser traída y llevada a gusto y paladar de cualquier consumidor. <br/><br/> La dignidad atañe a la intrínseca condición de ser humano. Ser digno – que ya es concreto– significa respeto a sí mismo y a los demás, la asunción de valores, poseer un sentido de libertad en uso, el rechazo de las manipulaciones e inclusive la adopción de un estado de rebeldía contra todo gesto que implique menoscabo de la persona. <br/><br/> Es obvio, entonces, que el ser digno no requiere pertenecer a tal o cual categoría social. Un mboriahu kalapî – el que es todavía más pobre que el mboriahu apî– puede ser tan digno como uno que maneja un Rolls Royce Phantom. <br/><br/> Hay que admitir, sin embargo, que en situaciones de pobreza es más difícil ser dignos. No imposible como demostraron los que pudiendo ir se quedaron. Las carencias corroen más fácilmente las convicciones, socavan la libertad y destruyen la autoestima. La ausencia de un mínimo de seguridad para mañana, sin educación ni formal ni familiar y la presión de la necesidad de sobrevivir vuelven ceniza los mejores principios. <br/><br/>En ese estado, los límites se van extendiendo y la conciencia cada vez se acomoda más a lo que venga. Total, oikoamántema oikoarâ. No desaparece la percepción de lo bueno y lo malo, tiene prioridad la lógica de lo útil. No importa qué se pisotee.<br/><br/> En el caso de la carne, era de público conocimiento que no llegaba por un conducto irregular. Y que aceptarla era hacer de eslabón para completar el círculo que los secuestradores – que no respetan la vida– querían que se cerrara a su favor. <br/><br/>En la misma situación, las respuestas fueron distintas. Son los dos Paraguay que coexisten.<br/><br/>