Un muñeco cobra vida, una historia comienza y, por unos minutos, el público se sumerge en un mundo donde todo puede suceder. Para los niños, el teatro de títeres es mucho más que entretenimiento: es una oportunidad para imaginar, emocionarse, reconocerse en otros personajes y descubrir distintas formas de mirar la realidad.
Desde hace 17 años, Kunu’u Títeres trabaja en Paraguay con esa premisa. La compañía, integrada por las artistas Tessa Rivarola y Carola Mazzotti, recorre escenarios, escuelas y comunidades con propuestas que buscan acercar el teatro a las infancias y demostrar el valor de este lenguaje artístico.
Para Carola, los títeres permiten presentar otras realidades y mundos fantásticos en los que los niños pueden encontrar experiencias cercanas o conocer situaciones diferentes a las propias. La diversión, la emoción y la reflexión forman parte de ese encuentro, en el que cada espectador puede construir sus propias conclusiones.
“Los títeres son una preciosa herramienta pedagógica en las aulas y un hermoso juguete para las infancias. Imitar, repetir, jugar a que sí pasa esto forma parte del desarrollo, sobre todo en edades tempranas”, explica.
La experiencia también involucra a quienes acompañan a los pequeños de la casa. La artista destaca esos momentos en los que los niños buscan la mirada de sus padres o de otros adultos para compartir una risa, encontrar consuelo ante una escena triste o confirmar una emoción.
“Esa conexión vinculante que se genera en la experiencia teatral me parece maravillosa”, señala.
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Un puente para hablar de lo difícil
Tessa, por su parte, considera que una de las principales posibilidades del teatro de títeres es abrir espacio a la imaginación y abordar temas que, en otros contextos, pueden resultar difíciles de conversar con los niños.
“El títere es una metáfora que nos permite tocar temas difíciles y genera conexión. El títere es un puente”, sostiene.
A través de los personajes, los niños pueden acercarse a situaciones, sentimientos y conflictos que les resultan familiares, incluso cuando la historia transcurre en un mundo fantástico. La interacción con el público también hace que la experiencia vaya más allá de observar una escena.
“Muchas veces uno se olvida de que está viendo muñecos y lo que vive un títere se vive como propio”, agrega Tessa.
Esa posibilidad de identificarse con los personajes es parte de lo que las artistas buscan en sus espectáculos: que los niños puedan emocionarse, hacerse preguntas y encontrar sus propias respuestas, sin que una obra tenga que explicarles qué deben pensar.
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Una historia que comenzó en 2009
Kunu’u nació del encuentro entre dos artistas que buscaban nuevas formas de expresión. Carola venía del teatro experimental y había comenzado a explorar el lenguaje de los títeres en el año 2000. La idea quedó pendiente hasta que, en 2008, empezó a considerar la posibilidad de crear una compañía de teatro de sombras junto con unas amigas.
Fue entonces cuando conoció a Tessa, quien ya tenía experiencia en el ámbito teatral y compartía el deseo de desarrollar un oficio que desafiara su creatividad.
“Empezamos con los de guante y una historia de pirata, princesa y espadachín, que todavía hace parte de nuestras obras disponibles”, recuerda Tessa.
En mayo de 2009 fijaron el inicio de la compañía. Con el tiempo, sus historias fueron cambiando y los personajes también encontraron nuevas maneras de contar sus experiencias.
Es el caso de la princesa Lila, protagonista de El tesoro más grande del mundo. En la versión actual, cansada de que las historias se cuenten desde la perspectiva de los héroes, decide narrar su propia versión de los acontecimientos. La obra también tiene un vínculo familiar con la compañía, ya que la hija de Carola participa como titiritera.
Al recordar el camino recorrido, Tessa encuentra un significado especial en aquella búsqueda inicial. “Carola y yo, buscando un oficio, encontramos en los títeres el más grande tesoro”, expresa.
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Una función que dejó huella en el Chaco
Entre las experiencias que marcaron la historia de Kunu’u, Carola recuerda especialmente una gira realizada en 2010 por el Chaco paraguayo.
En una pequeña escuela de Toro Pampa, la compañía presentó una función en un salón de madera, en medio del frío y con el viento que se filtraba entre las tablas. El público estaba integrado por niños y adultos que nunca habían visto un espectáculo de títeres.
Durante los 40 minutos de función, la sala permaneció en silencio. Al terminar, no hubo aplausos. Para las artistas, sin embargo, aquella reacción tuvo un significado que comprendieron con el tiempo.
“Nosotras tres lloramos, no porque no hayamos recibido aplausos, sino porque entendimos qué había pasado en esos 40 minutos”, relata Carola.
Dos años después regresaron a la escuela. Los niños las recibieron con entusiasmo y preguntaron por Ka’i y Tatú Carreta, los personajes que habían conocido en aquella primera visita. Esta vez, al terminar la función, los aplausos llenaron el lugar.
El recuerdo resume una de las razones por las que la compañía continúa apostando por este arte: el encuentro con el público puede dejar una huella que permanece mucho después de que termina el espectáculo.
El desafío de acercar los títeres a más personas
Durante estos años, Kunu’u también impulsó espacios de intercambio con compañías de otros países, participó en festivales y promovió funciones y talleres. Ante la falta de espacios institucionales de formación en Paraguay, esos encuentros fueron fundamentales para que las artistas conocieran otras técnicas, ampliaran su mirada y compartieran experiencias con colegas.
Carola recuerda que en 2009 viajaron a festivales en Posadas y Córdoba, Argentina, donde participaron en talleres y conocieron a otros titiriteros. Desde entonces, también recibieron a compañías extranjeras y colaboraron para generar funciones y laboratorios.
Ese trabajo contribuyó a formar un público que se renueva con los años. Algunos niños que asistieron a las primeras funciones de Kunu’u hoy son adultos jóvenes.
Para Carola, las nuevas generaciones no han perdido la capacidad de emocionarse frente a una propuesta artística. Aunque los temas, los textos, los sonidos y los modismos cambien, considera que la esencia del títere trasciende las épocas.
Por eso, destaca la importancia de cuidar las condiciones en las que se desarrolla cada función: un espacio sin distracciones, la participación de las familias y la posibilidad de compartir la experiencia de manera presencial.
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Nuevos proyectos y un festival internacional
Además de sus espectáculos, Kunu’u forma parte de la fundación de la primera Asociación de Titiriteras y Titiriteros de Paraguay. En 2026, la organización logró poner en orden sus documentos y espera contribuir a la formalización del sector, así como generar una red de apoyo para difundir y fortalecer el teatro de títeres en el país.
La compañía también tiene proyectos fuera de Paraguay. El pasado mes de setiembre, Carola había comentado sobre una actividad en Islandia, donde trabajaron en el taller y laboratorio creativo HOME con un grupo de mujeres migrantes residentes en ese país. La propuesta, en la que Tessa viene trabajando desde el año anterior mediante encuentros mensuales y círculos de mujeres, conecta las miniaturas con la narración de historias.
A futuro, uno de los grandes objetivos de Kunu’u es concretar un festival anual e internacional de títeres, un sueño que comenzó a tomar forma en 2013 con la primera edición del encuentro titiritesco del Mercosur Koreko Gua. Después de priorizar la investigación y la creación de espectáculos propios, las artistas consideran que se acerca el momento de retomar ese proyecto.
El derecho de las infancias al arte y al juego
En el marco del Día del Niño, Carola planteó que hablar del acceso al teatro y a la cultura también exige mirar las condiciones en las que crecen los niños paraguayos.
La artista reconoce que muchas infancias todavía no tienen cubiertas sus necesidades básicas y considera que garantizar el acceso al arte debe formar parte de una responsabilidad más amplia del Estado y de la sociedad.
Su mensaje apunta a recordar que los niños tienen derecho al juego, al esparcimiento, a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y artística.
En ese contexto, el trabajo de Kunu’u busca aportar desde el respeto a las infancias, creando historias y encuentros que les permitan imaginar, expresarse y compartir emociones.
Porque detrás de cada títere hay un personaje, una historia y una posibilidad de encuentro. Y para que más niños puedan descubrir ese mundo, también es necesario que existan espacios donde el arte forme parte de sus vidas.