“La corrupción de la justicia tiene dos causas: la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso” (Santo Tomás de Aquino)
Cuándo puede decirse que reina la justicia en un pueblo? ¡Reina la justicia en un pueblo cuando nadie hay en él que sea demasiado rico ni demasiado pobre!, afirma un adagio.
El exclusivo cálculo de lo debido torna fatalmente inhumana a la vida en común.
El dar a cada uno lo que no se debe es una necesidad que el justo ha de tener sobre todo en cuenta, dado que la injusticia en este mundo, y concretamente en nuestro país, es cotidiana manifestación. Basta mirar periódicos, la televisión o escuchar la radio para certificar lo dicho.
Limitarse al estricto cumplimiento del deber, aunque parezca decoroso, moralmente no lo es, pues, como y lo señaláramos en artículos anteriores.
“No todo lo legal es moral. Ni es bueno todo lo que no está prohibido por la ley”. Es cierto, como lo advierte Santo Tomás, que la “misericordia sin la justicia, es madre de la disolución"; pero también lo es que la “justicia sin misericordia es crueldad”
Así las cosas, y pasando revista a nuestra realidad actual, surge la inevitable pregunta: ¿Tienen, al menos, vaga idea de lo precedentemente señalado, nuestros profesionales del derecho, jueces, fiscales, ministros de la corte y demás elementos de nuestra fauna judicial?
¿Qué significa para los profesionales del Derecho el “bien común”, constantemente “ultrajado” ante sus propias narices? Si el concepto de “bonum commune” es el “producto social”, la suma o importe total de la sana convivencia, ¿cómo se entiende el caos que supone que cada quien haga lo que le venga en gana sin que sea mínimamente importunados?. (Polución sonora, ambiental, desprecio de reglas de tránsito, de convivencia humana, etc, etc.)
El no hacer lo que se debe, ya resulta una injusticia. La misericordia mal entendida, evidenciada en las desgraciadas “medidas alternativas a la prisión” tan repudiadas por la sociedad decente, es una clara muestra del deterioro moral de nuestra “justicia”. No en balde se afirma que la justicia paraguaya se encuentra en terapia intensiva.
Que los jóvenes estudiantes de la carrera de Derecho, adhieran a su “sistema operativo” esta verdad: “los profesionales del Derecho han de ser defensores de las causas justas, y no victimarios de los que claman justicia”, como parece ser la norma hoy, naturalmente, salvando las consabidas excepciones que confirma la regla.
La más grande y repetida forma de miseria que están expuestos los seres humanos consiste en la injusticia, más bien que en la desgracia, afirma Kant. Que “el dar a cada uno lo suyo” no sea sólo una construcción mental que, como mantra repiten los que dicen saber o creen saber, el significado de Justicia.
Estimado lector, ¿cuál es su opinión?