11 jun. 2026

Junta médica

Por Guido Rodríguez Alcalá

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¿En qué país del mundo se piensa que parir a los diez años no pone en peligro la vida de la parturienta? En el Paraguay. Esto dice el artículo de Jessica Valenti, publicado en el Guardián de Londres el día de ayer.

La pregunta de la periodista es una respuesta a la afirmación del ministro de Salud del Paraguay: no existen indicios de que la niña corra peligro, y por lo tanto el ministerio no está a favor de interrumpir el embarazo. Sin embargo, para Amnistía Internacional, las consecuencias físicas y psicológicas del embarazo no querido de la niña equivalen a la tortura, según cita del artículo mencionado. Este y otro anterior del Guardián (4 de mayo) indican que el caso ha tenido una resonancia internacional. ¿Será que con eso el problema merecerá la debida atención en el Paraguay?

Porque aquí no se le presta la debida importancia al gravísimo problema del embarazo precoz. Para dar un ejemplo, el año pasado hubo 700 partos de niñas menores de catorce años, incluyendo algunas de diez años. Puedo suponer con fundamento que también en esos otros casos hubo abuso sexual, pero las autoridades prefirieron ignorar el abuso, algo muy frecuente.

En el caso que nos ocupa, la madre de la niña encinta ya había denunciado la conducta criminal del padrastro de la niña en enero de 2014, pero la Fiscalía desestimó la denuncia.

Ahora el criminal está prófugo y la madre está presa, por una de esas particulares interpretaciones de la ley de nuestros tribunales, que hace poco condenaron a un muerto.

¿Quién se encargará de la niña encinta? La atención de la Cruz Roja no puede suplir la de la familia.

La historia de horror tiene sus aspectos absurdos: en enero de 2014, la niña se quejó de fuertes dolores de vientre, y en el centro médico diagnosticaron parásitos. Como los dolores seguían, la pobrecita se hizo ver de nuevo: le dijeron que tenía un tumor. Solo en abril nuestros galenos descubrieron que estaba embarazada.

¿Qué hacer? Según la ley paraguaya, se puede practicar el aborto legalmente solo cuando la vida de la madre corre peligro.

Nuevamente entró en acción la ciencia médica oficial: no, la vida de la niña no corre peligro; que sea mamá.

¿Corre o no corre peligro?

Esto es lo que debe decidir una junta médica imparcial, que evalúe los riesgos objetivos de interrumpir la preñez o de llevarla a su término. Esto es lo que hasta el momento no se ha hecho, y que reclama el Guardián, como cualquier persona sensata.

Hasta el momento, la situación se manejó con incompetencia, con negligencia o con mala fe.

Podemos pensar que las dilaciones judiciales para integrar una junta médica digna de confianza se proponen prolongar el embarazo hasta un punto en que ya no resulte posible el aborto.

¿Para qué? Para darles el gusto a los fundamentalistas que se declaran partidarios de la vida; no de la vida de la niña, como señala Valenti.