“Era un día frío, fresco, nublado”, recuerda Juan José Salerno al volver a aquella kermés escolar de 1976 que marcó el inicio de su carrera como DJ. Cursaba el primer año de la secundaria y se había ofrecido para musicalizar el salón de baile, con sus casetes grabados de la radio y las canciones ordenadas según el ritmo: lentas, de medio tiempo y rápidas.
La prueba resultó un éxito. La gente comenzó a llegar, las parejas se animaron a bailar y la música fue subiendo de intensidad. Sonaban los artistas que dominaban las pistas de la época, como ABBA, Boney M. y Wild Cherry. Salerno recuerda aquella jornada con el cariño de quien reconoce el momento en que una afición comenzó a convertirse en una profesión.
“Ahí arranqué este viaje sin retorno, que hasta hoy sigo siempre embarcado”, dice sobre estos 50 años dedicados a la música.
Antes de ponerse frente a una consola, ya escuchaba música en todo momento. A los 10 años compró su primer disco, The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd. Su hermano Nene Salerno, destacado bajista de la escena nacional, fue una de sus primeras referencias y quien lo acercó a artistas que luego formarían parte de su universo musical.
La música disco de los años 70 dejó una marca especial en sus comienzos. Con el tiempo, su trabajo lo llevó a recorrer distintos estilos y acompañar las transformaciones de la escena, desde los éxitos bailables de aquellos años hasta el dance pop, el house y las propuestas que llegaron después.
Una historia ligada a Caracol Club
En diciembre de 1980, Salerno se incorporó a Caracol Club, una de las discotecas que recuerda como emblemáticas de su época. Tenía 16 años y quedó sorprendido por el sonido, las luces y la tecnología del lugar. Allí permaneció durante 25 años como DJ residente, una etapa que considera fundamental en su trayectoria.
Desde la cabina musicalizó noches en las que sonaban las novedades de Michael Jackson, Madonna y otros artistas que marcaban tendencia. También fue testigo del paso de figuras internacionales por el club, entre ellas Virus, Mocedades, Loco Mía y La Ley.
El trabajo exigía estar atento a cada detalle. No bastaba con elegir canciones conocidas: había que observar la pista, cuidar las mezclas y saber cuándo cambiar el ritmo. “Cualquier música que ponía y no gustaba, la gente no dudaba en salir de la pista”, recuerda.
En aquellos años, conseguir los últimos lanzamientos también requería paciencia. Los discos llegaban desde Estados Unidos y Europa a través de viajeros, conocidos y personas vinculadas a las aerolíneas. La radio era otra fuente para descubrir canciones y grabar los temas que luego sonaban en las fiestas.
La tecnología cambió de manera radical durante estas cinco décadas. Salerno comenzó con casetes, trabajó con vinilos y reproductores de CD, y hoy utiliza herramientas digitales. Sin embargo, para él hay algo que permanece: la selección musical y la técnica siguen siendo esenciales para sostener una pista de baile.
Lea más: Tainá, Clau y Dani se juntan en la radio para “ser uno de ellos”
El regreso a los clásicos
Después de años dedicados a musicalizar los éxitos del momento, Salerno también encontró su espacio en las fiestas retro. Desde 2001 forma parte de Retrovisor, una propuesta que reúne canciones de los años 70, 80 y 90 y que continúa convocando a quienes quieren volver a bailar con la música de otras épocas.
También participa en las noches temáticas de Terraza Delirio y en eventos sociales y corporativos. A esto se suma su trabajo como musicalizador de FM Urbana, actividad que lo mantiene vinculado a la música y a las novedades en la actualidad.
Las fiestas retro tienen para él un significado especial por los encuentros que propician. En las pistas se reúnen personas que compartieron aquellas noches de juventud y que hoy vuelven a encontrarse a través de las mismas canciones.
“Me revitaliza y me satisface, porque hago lo que me gusta”, expresa sobre esta etapa.
Para celebrar sus 50 años de trayectoria, tiene previstas presentaciones el 30 de octubre en el Casino del Pinedo, el 17 de noviembre en Casa Pa y el 10 de diciembre en Terraza Delirio.
Te puede interesar: Kunu’u Títeres: Cómo las historias ayudan a los niños a imaginar, sentir y aprender
La música en los buenos y malos momentos
La trayectoria de Salerno también está atravesada por experiencias personales en las que la música fue una compañía. En 2020, durante la pandemia, recibió un diagnóstico de cáncer y debió someterse a una operación y sesiones de quimioterapia. En ese tiempo, volvió a escuchar canciones de sus primeros años y encontró en ellas un refugio mientras avanzaba con su recuperación.
“Me refugié en eso, me dio fuerza, me dio valor”, cuenta. También recuerda que recurrió a la música durante otros momentos difíciles, como la pérdida de seres queridos.
A sus 50 años de carrera, valora el afecto de quienes lo reconocen por su trabajo y espera que el público conserve el recuerdo de las noches compartidas en las pistas. Su recorrido abarca varias generaciones, desde quienes bailaban en los años 70 y 80 hasta quienes hoy asisten a sus sesiones retro.
A los jóvenes que quieren convertirse en DJ les aconseja practicar, investigar y mantenerse al día con los cambios tecnológicos. La formación, sostiene, no termina nunca. Y si algo le enseñó este medio siglo es que, detrás de cada fiesta, hay una pasión que se renueva con cada canción.
“Para mí la música siempre fue muy importante en todos los aspectos de mi vida, en los buenos y en los malos”, sentenció.