EFE
Ramos ha elegido para la función de hoy el Arlequín Teatro, en Asunción, donde hace una década escenificó por primera vez el libreto escrito por el argentino Hernán Jaeggi, que tiene como único protagonista al prócer de la independencia paraguaya.
Mirando hacia atrás, Ramos reconoce que nunca pensó que la obra llegara a las casi 900 funciones y menos que estas se representaran en 23 países, además de en toda la geografía de Paraguay.
“Nunca creímos que íbamos a estar tanto tiempo sobre los escenarios, a lo más seis o siete semanas en Asunción. Ocurre que empezaron a llamarnos de universidades, de organismos culturales y finalmente de embajadas, lo que nos condujo ya por todo el mundo”, dijo Ramos a Efe.
Ramos recuerda que su implicación con el personaje empezó en la década de 1990, cuando representó en Paraguay “Yo el Supremo”, una versión teatral de la novela del mismo título escrita por Augusto Roa Bastos, que popularizó su figura.
Rodríguez de Francia gobernó Paraguay como dictador entre 1814 y 1840, período en el que cerró las fronteras del país e impidió la entrada de extranjeros.
“Mientras que Francia es, en la novela de Roa Bastos, un ser omnipotente, casi un Dios, el personaje de Jaeggi es más humano, alguien que sufre y más apegado a la tierra, pero sin que se le quite su condición de dictador”, reflexionó Ramos.
Ahondando en ello, Ramos añadió que el texto de Jaeggi “muestra cómo todos los regímenes totalitarios tienen el mismo formato en la historia de la humanidad, con los dictadores acabando en la soledad y abandonados por todos los que le rodeaban”.
Es un hilo conductor que, según Ramos, hace que la obra “José Gaspar” trascienda lo local y que sea comprendida en Australia, India, España, Rusia, México, Panamá, Suecia y en el resto de los países donde ha recabado la función.
Con algunos textos en guaraní y con el acompañamiento del saxofonista Javier Pistilli, Ramos volverá hoy a mimetizarse en la mítica presencia de Rodriguez de Francia, mezcla de tirano y ermitaño, sin saber cuando cerrará el telón definitivamente.
“Supongo que será hasta que la gente y las instituciones culturales dejen de reclamarnos”, dijo Ramos.