14:30-05/01/07
Tras dirigir el entramado de Inteligencia de EEUU, Negroponte regresa a sus orígenes diplomáticos como “número dos” de Condoleezza Rice en el Departamento de Estado, un puesto que él mismo considera como “la oportunidad de toda una vida”, aunque muchos hayan interpretado el nombramiento como una degradación.
Al anunciar hoy la decisión, Bush aseguró que Negroponte conoce bien el Departamento de Estado y que su “amplia experiencia, juicio sensato y experiencia en Irak y la guerra contra el terrorismo le convierten en una elección magnífica”.
Diplomático de vasta carrera, hábil lingüista y todo un experto en moverse entre bastidores, este hombre cuenta con toda la confianza del presidente.
Bush ya le escogió para ser embajador ante la ONU -uno de los puestos de mayor influencia en la política exterior de EEUU- entre 2001 y 2004.
Antes de ser nombrado director nacional de Inteligencia hace menos de dos años, fue el primer embajador en Irak desde la guerra del Golfo de 1991, otro cargo clave y en el que llevaba apenas nueve meses.
Pero el historial de este diplomático, nacido en Londres en 1939 en una adinerada familia griega, no está alejado de la polémica y se le recuerda como uno de los implicados en el escándalo “Irán- Contras”.
Negroponte se integró en el servicio diplomático estadounidense en la década de 1960.
Su primer destino relevante fue Vietnam, donde aprendió tan bien el idioma que el entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, le eligió para encabezar negociaciones secretas de paz.
Fue embajador en Honduras entre 1981 y 1985, cuando el Gobierno del presidente Ronald Reagan luchaba una guerra encubierta contra el régimen sandinista en Nicaragua.
Vinculado a la estrategia anticomunista de Reagan y George Bush padre, fue un paladín en la lucha contra lo que calificaba como la infiltración comunista cubana en las repúblicas centroamericanas.
Sus críticos le acusan de ayudar a armar a los rebeldes de la “contra” nicaragüense y de hacer caso omiso a las torturas y la represión del régimen militar hondureño.
La organización Nizkor ha denunciado que, durante su paso por la embajada en Honduras, el diplomático supervisó la creación de la base aérea El Aguacate, un centro clandestino de detención y tortura donde EEUU entrenó a los “contras”.
Negroponte siempre ha negado que “tolerara o encubriera violaciones de los derechos humanos” en América Central y asegura que, por el contrario, ayudó a “arreglar las deficiencias” del sistema judicial hondureño.
Su conocimiento de la región le valió el nombramiento en 1989 de embajador en México, cargo que ocupó hasta 1993 y en el que se reveló como un gran negociador, en especial para la conclusión del polémico Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) en 1993, que integró el comercio de EEUU, Canadá y México.
Tras ser embajador en Filipinas en 1993, fue nombrado por el presidente Bill Clinton para negociar la permanencia de las bases militares de EEUU en Panamá y la creación de un centro internacional antidrogas en ese país.
Tras ese esfuerzo infructuoso se retiró a la actividad privada, para volver al Gobierno con la llegada de Bush a la presidencia en 2001.
Su nombramiento como embajador ante la ONU reabrió la polémica sobre su pasado en América Central y retrasó seis meses su aprobación en el Senado.
Como representante ante la ONU, representó a su país en el Consejo de Seguridad cuando Washington logró el apoyo internacional a la guerra en Afganistán en 2001.
Sus esfuerzos no tuvieron el mismo éxito al intentar convencer a la comunidad internacional de la necesidad de atacar Irak.
Pero el propio secretario general de la ONU, Kofi Annan, le ha descrito como “un profesional sobresaliente, un gran diplomático y un embajador excelente”.
Durante su breve etapa como embajador en Bagdad, su principal desafío ha sido la celebración de elecciones parlamentarias, que tuvieron lugar el 30 de enero y, con una participación mayor de lo esperada, fueron calificadas de “éxito” por Bush.
Negroponte, que habla cinco idiomas -inglés, francés, español, griego y vietnamita- está casado con la profesora de Historia Diana Villiers, con la que tiene cinco hijos, todos ellos adoptados en Honduras. EFE