Einstein tenía razón cuando afirmaba que “ningún problema puede resolverse desde el mismo nivel de conciencia que lo creó”. La corrupción es un ejemplo de ese tipo de problema que esperamos tontamente que la justicia y los políticos actuales la resuelvan. Ellos la crearon y la sostienen. Desde el plano de su actuar y conciencia es imposible creer que quieran primero enfrentar la corrupción y hagan algo después para resolver un problema que todos dicen con razón es el problema número uno del país. La mafia de los pagarés debe ser un caso de estudio en el que participan una buena cantidad de actores que han sostenido el problema. Están los victimarios empresas que entregaron productos por un valor notablemente superior en largas e interminables cuotas que uno vez saldados parcialmente entregaron los pagarés restantes a empresas especializadas en cobranzas con claros vínculos con la Justicia desde el presidente de la Corte hasta el último orejón del tarro del Juzgado de Paz. Este habrá dicho: “Si ya tienen amarrado a los de la Corte porque tendrían que cargarse conmigo?”. Y la maquinaria se puso en marcha y funciona desde hace más de 15 años. Se imaginan que cada vez que alguien buscaba encontrar una salida a este problema, los afectados terminaban diciendo que contra esa montaña de corrupción jamás podrían hacer absolutamente nada. Entre la valentía de algunos abogados y la prensa ventilaron el tema y aquello explotó. Es uno de los grandes acontecimientos del 2025 porque involucra a todos los actores que debieron resolver un problemón, pero se encargaron de volverlo natural a la esencia del teko Paraguay. Hoy tenemos miles de víctimas que tímidamente ganan las calles en señal de protesta, pero fundamentalmente ocupan espacios en la conciencia de la gente para buscar resolver el problema. Para los que lo crearon el tema es simple. Cargaron contra los ujieres notificadores que con su vida ostentosa despertaron las sospechas que se convirtieron en denuncia. Las juezas en su gran mayoría, nos confirmaron que el Paraguay es el cementerio de las teorías porque se dicen en el mundo que las mujeres son menos corruptas que los hombres. En este esquema ellas como en la Fiscalía son mayoría y los resultados son más que elocuentes. El sistema o el pora administrativo del Estado es el verdadero problema del país. Ahí no vale ni el corajudo ni el honesto. A ese no le dejan pasar el examen y si lo logra de casualidad el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados se encargará de él o de ella. Finalmente, es mejor seguir el manual y culpar a los políticos que no les dejan ser libres, honestos, limpios ni patriotas. Se cierra el círculo vicioso que es cuando la corrupción campea y nos coloca anualmente en el segundo lugar detrás de Venezuela a punto de ser invadida por los EEUU. A nosotros, eso no nos importa porque el crimen organizado hace tiempo hizo cabeza de playa en Paraguay como nos aleccionó de manera clara los chats del asesinado Lalo Gomes. No acusamos todavía recibo porque creemos tontamente como en Pedro Juan Caballero donde te repiten que todo es un asunto “entre ellos” y que si no te metés ni te cruzás con una balacera nada te puede pasar. Tenemos que inventar soluciones nuevas antes de que sea demasiado tarde. Los problemas que tenemos no se podrán resolver mientras nuestra conciencia no cambie. Mientras no busquemos opciones fuera del ámbito de aquellos que los crearon. No esperemos nada de los tres poderes del Estado. Ellos son los que sostienen en su gran mayoría un sistema perverso que impide que podamos alcanzar un grado de desarrollo donde la educación, la salud y la seguridad importen. Tenemos una opción. Ganar en conciencia un nuevo país lejos del modelo de los sobres, el contrabando, la delincuencia y el robo de 2 mil millones de dólares anuales del Estado. Muchos países pasaron por circunstancias dramáticas iguales y mostraron que es posible hacer cambios radicales en poco tiempo y que en esa transformación ganamos todos. Debemos animarnos los paraguayos a pensar y crear nuevas soluciones, pero dentro de conciencias distintas a las que sostienen el problema actual. El gigante sigue dormido porque a nadie le importa que duerma y porque la droga que le aplicaron para el sueño eterno busca solo que siga en esa condición. La gente piensa que con solo pensar que es un gigante el problema está resuelto cuando el enano cívico sigue pegando el grito orgulloso de soy paraguayo sin saber para qué.
Cambiemos la manera de pensar y actuar en conciencia y lograremos inventar un mejor país.