Informalidad: Flagelo económico que afecta a la calidad de vida

La informalidad del trabajo es uno de los problemas económicos más importantes que tiene el país. El trabajo es la principal fuente de ingresos, es el único mecanismo para acceder a seguridad social y permite ser parte de organizaciones gremiales que amplían beneficios. En Paraguay, la mayor parte de los trabajadores y trabajadoras lo hacen en condiciones precarias, sin posibilidad de que su empleo les proporcione condiciones mínimas de vida. Es urgente que las autoridades implementen medidas que cambien esta grave situación.

Un reciente informe del Instituto Nacional de Estadística muestra que el trabajo informal en Paraguay afecta al 65% de la población ocupada. Dicha proporción lleva años sin cambios sustanciales, por lo que se convierte en una situación, además de grave, crónica.

La juventud y las mujeres están particularmente afectados. Más del 75% de los jóvenes de menos de 25 años y el 66% de las mujeres frente al 62% de los hombres trabajan de manera informal. En el caso de los primeros, la exclusión de la seguridad social no solo reduce la calidad del empleo para este grupo poblacional, sino que afecta también a la sostenibilidad financiera del sistema. Nuestra seguridad social depende de que jóvenes que entran aportan y personas mayores se jubilan.

Las encuestas muestran que el 40% de los hogares en Paraguay tienen jefatura femenina, por lo que el trabajo precario de las mujeres se traduce en una vida vulnerable para ellas y el resto de sus familias. Otras encuestas dan cuenta del rol que tienen las mujeres en el mantenimiento de los hogares y en la calidad de vida.

En Paraguay, por cada 100 hombres viviendo en hogares en situación de pobreza, existen 113 mujeres. Este indicador por sí solo muestra el efecto que tiene en la vida de las personas y sus familias la falta de trabajos dignos en el caso de las mujeres.

La informalidad impide la construcción de una trayectoria laboral estable durante el tiempo de trabajo y, en el retiro, convierte a las personas en dependientes de otras personas y, lo que es peor, de políticos prebendarios, lo que en muchos casos les lleva a la pobreza en la vejez. La desprotección financiera frente a una enfermedad aumenta el gasto de bolsillo, el endeudamiento privado y es causa de pobreza.

Trabajar por fuera de los mecanismos formales en materia tributaria es un obstáculo para la inclusión financiera.

Ser emprendedor y no contar con número de Registro Único de Contribuyentes limita las oportunidades de venta de los bienes o servicios que produce y la posibilidad de acceder a otros beneficios derivados de la formalidad.

Las soluciones a estos problemas son varios. En primer lugar reducir los costos de la formalidad. Cuanto más fácil y barata sea la formalización, habrá mayor incentivo a incorporarse al sistema tributario. El 80% de las personas que trabajan solas o en microempresas son informales. Obviamente, la formalización depende de los beneficios que se obtengan. Si la competencia desleal o el contrabando arrecian, no tiene sentido para los emprendedores formalizarse, al contrario, termina saliéndole caro.

En segundo lugar, en el caso de las personas que trabajan en relación de dependencia y no cuentan con seguridad social, la solución es la fiscalización y penalización de las empresas que no cumplen con las normas. La evasión en Paraguay así como las actividades ilícitas no tienen costo para quienes las hacen, por lo que el incumplimiento de las leyes es la norma.

Finalmente, la existencia de políticas que beneficien a los formales es el mayor incentivo. Si no hay programas públicos que impulsen a los emprendedores o microempresas formales, como el acceso a créditos baratos, bancarización, mercados competitivos, cursos de capacitación o facilidades para la comercialización, ¿cuál sería la ventaja de la formalidad?

Las autoridades deben tomar conciencia de este problema e implementar políticas para romper con esta condición laboral tan negativa para los trabajadores y sus familias. Se habla mucho del trabajo digno, pero el Estado no hace casi nada por garantizarlo.

Dejá tu comentario