De niños, todos alguna vez jugaron a ser grandes. Las niñas se pintaban los labios, usaban ropa de mamá y hasta se aventuraban a dar unos pasos con algún taco alto. Mientras que los niños dejaban volar su imaginación, poniéndose en el lugar de detectives, trabajadores o jugando al papá. Ahora bien, cuando el juego se convierte en algo similar a la realidad y el niño está pisando más el mundo adulto que el suyo, se habla de precocidad infantil.
“Hay indicios de que la pubertad está comenzando mucho más temprano; de hecho, la edad de inicio tanto en las niñas como en los niños ha descendido tres años en el transcurso de los últimos dos siglos. Esto obedece, en gran parte, a las mejores condiciones de salud y nutrición.
Esto significa particularmente que las niñas, pero también algunos niños, están llegando a la pubertad y experimentando algunos de los principales cambios fisiológicos y psicológicos relacionados con la adolescencia, antes de ser considerados adolescentes por las Naciones Unidas”, según el estudio sobre la adolescencia Estado mundial de la infancia 2011 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
Salto repentino
Desde el punto de vista de la literatura de psicología evolutiva clínica, lo que se describía hace 15 años quedó desfasado, según la psicóloga Mercedes Morel. Ahora se habla de que existe un desarrollo adelantado. “El progreso del lenguaje, por ejemplo, se mantiene en la misma etapa. No obstante, la riqueza de vocabulario que presentan los niños de entre seis y siete años es muy amplia. En esto influyen las tecnologías”.
“Los factores sociales y ambientales inciden en el desarrollo de los niños —sostiene Morel—, a quienes se los debe considerar como seres biopsicosociales. Cada persona es un todo y no se la puede desestructurar. En la actualidad muchos niños al nacer ya tienen cierto control sobre los músculos del cuello, algo que antes se lograba recién a los cuatro meses de vida. Sucede que la estimulación ambiental influye en el sistema nervioso y endócrino, lo que se evidencia en los cambios biológicos prematuros”.
“Esto no debe confundirse con la pubertad precoz, que se refiere a la presentación de esta etapa a una edad más temprana —explica la psiquiatra infanto-juvenil Nora Gómez— y se caracteriza por el desarrollo temprano de las características sexuales en niñas antes de los ocho años y en niños antes de los nueve años. En las niñas hay un aumento de senos, vello pubiano y axilar, y ovulación. En los niños, aumento del tamaño del pene y testículo, aparición de vello púbico y axilar, vello facial y erección involuntaria”.
Influencia
Cabe preguntarse entonces a qué se debe este desarrollo prematuro de los niños. Según recuerda el pediatra Ursino Barrios: “Hasta hace unos 15 años atrás, la menarquia se daba a los 14, después la edad descendió a los 12 y ahora es común que se manifieste a los nueve o 10 años. Mucho de este desarrollo anticipado se relaciona con la estimulación externa a la que se expone al niño, que repercute otra vez en la liberación de hormonas. Reciben demasiada información por parte de los medios masivos de comunicación y del entorno familiar, principalmente”.
La segregación de ciertas hormonas del crecimiento está influenciada por factores externos, como conversaciones de adultos, cuyo contenido llega a oídos de los pequeños y estos no saben cómo procesarlo, los programas de televisión que no son aptos para niños, el uso indiscriminado de internet, no marcar los límites dentro de la familia, en lo que se refiere al mundo adulto e infantil.
“Entre las posibles consecuencias de la precocidad infantil está el inicio temprano de las relaciones sexuales, lo que podría derivar en embarazos no deseados. Además, cuando lo cognitivo no acompaña el desarrollo emocional de los chicos, se crean conflictos internos. Por ello es primordial el acompañamiento activo de los padres en la vida de los hijos, hablar sobre cada etapa y enseñarles a disfrutar de cada una”, aconseja la psicóloga.
Es necesario recordar que los niños, por más adelantados y desarrollados que parezcan, siempre serán niños por dentro y asimilarán las realidades como tales.
Texto: Natalia Ferreira Barbosa
Foto: Javier Valdez.