El padre César Nery Villagra, decano de la Facultad de la Sagrada Teología y delegado del Obispado de las FFAA y la Policía Nacional, afirmó que “las leyes sin alma, inquisitoriales e injustas deben ser modificadas, porque se vuelven ídolos que oprimen”.
Destacó que el país enfrenta el peligro de “manipular las normativas por encima del ser humano y del sentido común”, e instó a volver a la misericordia como camino para recuperar el bien común.
Esto, durante la Eucaristía en vísperas de la Fiesta de la Inmaculada Concepción de Caacupé en la Basílica Menor de la Virgen de los Milagros de Caacupé. El tema de reflexión fue brindar una protección social efectiva para todos, bajo el lema: Ve y procede tú de la misma manera.
Recordó que María “nos enseña a priorizar el bien de las comunidades y a poner en segundo plano el interés personal”, señalando que el ejemplo de la Virgen es un llamado a crear condiciones de dignidad para ancianos, mujeres, hombres, jóvenes y niños, porque “Dios no desea que el hombre se pierda; quiere que vivamos bien, que vivamos dignamente”.
Al reflexionar sobre el profeta Ezequiel, advirtió que la infidelidad del pueblo de Israel simboliza “la ruptura con el amor primero y el alejamiento del bien común”, expresado en injusticias, idolatrías y enemistades.
“El amor divino no encontró reciprocidad”, lamentó, alertando sobre los peligros de repetir ese abandono en la actualidad.
Villagra enfatizó que la justicia de Dios exige rectitud y verdad porque “el Señor detesta los caminos torcidos y desea intensamente que impere el derecho entre todos”. La justicia –dijo– no es solo dar a cada uno lo suyo, sino “la correcta respuesta a una relación que exige dignidad y nobleza”.
Prójimo
Al desarrollar la Parábola del Buen Samaritano misericordioso, remarcó que Jesús redefine el concepto de prójimo. “Prójimo no es el que sufre, sino el que practica la misericordia”. Señaló que el samaritano actuó “con todos sus medios y desde su pobreza”, mientras otros personajes religiosos “dieron un rodeo y se fueron de largo”.
La solidaridad –afirmó– nace del amor, no de la mera cercanía. “La proximidad no produce amor; es el amor el que produce proximidad”.
Asimismo, dijo que es la misericordia la que pone en movimiento actitudes de compasión e impulsa a actuar en bien del necesitado, en solidaridad con el pobre, con el desvalido. Por eso, el amor evangélico es la fuente de la solidaridad.
En un llamado a la acción, insistió en que el cristiano debe pasar “del concepto a la obra”, recordando las palabras de Jesús: “Anda y haz tú lo mismo”.
Criticó duramente el uso distorsionado de las normativas. “No basta la ley. Si la ley es arbitraria e injusta, debe cambiarse”. “Jesús nos llama a poner al ser humano por encima de leyes rígidas y sin alma”, enfatizó.
Finalmente, pidió que el tiempo de Adviento impulse a construir una sociedad solidaria sustentada en la compasión y el bien común: “El amor evangélico es la fuente de toda solidaridad”. Rogó que la Virgen de Caacupé “nos guíe hacia Cristo para tender la mano a quien sufre, sin distinción alguna”.
Ayer, en horas de la tarde, se realizó la peregrinación de la Conferencia de religiosos y religiosas del Paraguay (Conferpar), quienes participaron de la misa presidida por Mons. Claudio Giménez, obispo emérito de la Diócesis de Caacupé.
Dios no desea que el hombre se pierda; quiere que se salve, porque anhela que todos vivamos bien, que vivamos dignamente.
La justicia no es simplemente dar a cada uno lo suyo, sino la correcta respuesta a una exigencia de relación. César Nery Villagra, decano de Teología.