Mientras el día es recordado por distintos organismos internacionales, oficiales y no gubernamentales, la flora del planeta sufre en silencio las consecuencias de la masivas e irracionales deforestación que año a año reduce de manera alarmante su superficie, con la consecuencia irreversible de extinción a miles de especies de la biodiversidad asociada a ella.
En nuestro país, la flora está regulada por la Ley 96/92 “De Vida Silvestre”, cuya autoridad de aplicación es la Secretaría del Ambiente (SEAM), y define a la misma, como todos aquellos vegetales, superiores e inferiores que, temporal o permanentemente, tienen al territorio nacional como área de distribución geográfica.
Entre una de las contribuciones más importantes de la SEAM para la preservación y conservación de los pocos bosques que quedan en la Región Oriental se menciona la promulgación y prorroga de la Ley “De prohibición de las actividades de transformación y conversión de superficies con cobertura de bosques”, más conocida como “Ley de deforestación cero”, visto como modelo exitoso en los países del Mercosur.
Esta recordación sencilla se trata sólo de un gesto pero trascendente para toda la humanidad, en estos tiempos de desarrollo tecnológico e industrialización acelerada, de cambio global y concentración de la población humana en ciudades cada vez más grandes, de alejamiento del hombre de la naturaleza y del aumento de los procesos de degradación sobre nuestro ambiente, es ahora cuando se hace necesario que hagamos un alto para pensar que vivimos en un planeta que, afortunadamente, todavía posee un magnífico patrimonio natural, un patrimonio que merece la pena que lo conozcamos no sólo nosotros sino también las generaciones futuras.