La Iglesia Católica conmemora en la fecha la institución de la eucaristía y del sacerdocio. Las celebraciones del Jueves Santo arrancan en la mañana con la misa crismal, que cada obispo celebra en horas de la mañana con sus presbíteros.
Conforme a la liturgia, se bendicen los óleos (aceites) que serán utilizados en los sacramentos de la unción de los enfermos, bautismo, confirmación, la unción de los sacerdotes y obispos, durante su ordenación y de los altares de las iglesias. Los preparativos para esta ceremonia comienzan al menos un mes antes.
El óleo santo se elabora con aceite de oliva y esencia de jazmín, que se mezclan en ánforas de cristal, para luego proveerse en frascos pequeños a los párrocos que los utilizan en distintos sacramentos durante todo el año.
En la Catedral Metropolitana de Asunción la misa crismal comenzará a las 9 y será presidida por el nuncio apostólico, monseñor Eliseo Antonio Ariotti, en vista de que el arzobispo de Asunción, Pastor Cuquejo, se encuentro con reposo médico.
Esta misa es muy importante porque en ella se expresa la comunión de los presbíteros con el obispo, dice el padre Óscar González, responsable de liturgia de la Catedral y párroco de Virgen del Rosario, Lambaré.
“La parte central es la renovación de las promesas sacerdotales ante el obispo: vivir el ministerio de consagrados en el servicio de la caridad a la feligresía, el compromiso de la celebración eucarística y de la oración”, explica.
TRIDUO PASCUAL EL JUEVES SANTO, ADEMÁS DE MARCAR EL COMIENZO DEL TRIDUO PASCUAL (CONMEMORACIÓN DE LA PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS), TAMBIÉN ES UN DÍA DE REUNIÓN FAMILIAR PARA RECORDAR Y REVIVIR LA ÚLTIMA CENA CON UN BANQUETE.
Tradicionalmente, es la última comida antes del ayuno que se recomienda hacer el Viernes Santo, como un acto penitenciario de los cristianos.
Hoy por la noche, en las parroquias se oficia la misa de la cena del Señor, reviviendo la última comida que Jesús compartió con los doce discípulos, donde les reparte trozos de pan e invita a beber vino, como símbolos de su cuerpo y sangre, y les invita: “Hagan esto en conmemoración mía”. Es la institución de la eucaristía. En esa misma cena, el nazareno empezó a lavarles los pies, como gesto de entrega y humildad, como un mandato de servicio a los demás.