30 may. 2026

Hope Jahren, geobióloga: “Ya no existe opción de vivir en un planeta limpio”

Barcelona, 11 abr (EFE).- Considerada por la revista TIME como una de las cien personas más influyentes del mundo, la geobióloga Hope Jahren afirma, en una entrevista con Efe, que “ya no existe opción de vivir en un planeta limpio y virgen”.

Árboles sobre una carretera durante un atardecer en Baden-Wuerttemberg, Alemania. EFE/Archivo

Árboles sobre una carretera durante un atardecer en Baden-Wuerttemberg, Alemania. EFE/Archivo

Esta científica originaria del medio oeste rural de Estados Unidos, que reside en Oslo, sostiene que el verdadero reto en la “es vivir dentro de las contradicciones, porque ya no existe la opción de vivir en un planeta limpio y virgen, lo que no significa, sin embargo, que tengamos que seguir talando todos los árboles que hay por el camino”.

Participante en el festival literario Kosmopolis en Barcelona, Jahren, con tres premios Fulbright en Geobiología y la única mujer a la que se le ha otorgado la Medalla para Jóvenes Investigadores en Ciencias de la Tierra, también ha debutado en la narrativa con el libro “La memoria secreta de las hojas” (Paidós).

Convertido en un superventas, en el libro explica su día a día en el laboratorio y cómo llegó a convertirse en científica.

No esconde que la razón para escribir un libro sobre si misma es para darle sentido a su vida: “Ver que hay un principio, un nudo, un desenlace, tomar conciencia de dónde empezó todo, que en mi caso fue en el laboratorio en el que trabajaba mi padre”.

“Yo soy una chica de laboratorio, era allí adonde iba cuando salía de la escuela y allí empecé a tomar gusto por las plantas, los árboles”, remacha.

Tras residir en varios países y finalmente recalar en Oslo, donde actualmente dirige su propio laboratorio dentro del Instituto de Biología de la Universidad de la capital noruega, deja claro que su rol en la vida “no es decirle a la gente lo que debe pensar y hacer”, sino compartir lo que sabe y confiar en que esas personas tomen sus propias decisiones.

Asevera que le produce “una gran incomodidad que quienes hablan del cambio climático sean a menudo personas que tienen mucho que ver con esta problemática, con la huella del carbono en la tierra”. “Yo no quiero implicarme en ese tipo de discurso”, apostilla.

Según la investigadora, si todos “estamos de acuerdo en que no hay nadie que le pueda decir a una mujer el número de hijos que debe tener, también debemos aceptar que el mundo que ahora tiene 7.000 millones de habitantes dentro de veinte años tenga unos 9.000".

“Si todos estamos de acuerdo en que tenemos derecho a tener electricidad para poder leer cuando llega la noche y así aprender, y luego un servicio sanitario correcto, una buena alimentación o una buena vivienda, lo que vemos también es que necesitamos muchísima energía para ello y yo realmente no sé cómo se puede cambiar la dirección que llevamos, pero los números no salen”, agrega.

Preguntada sobre si tiene esperanza en el futuro, Jahren no duda en indicar que en las sociedades occidentales muchos tienen hoy muy buenas vidas.

“Somos las personas que mas suerte hemos tenido en el mundo si miramos todas las generaciones que nos han precedido, pero como todas las generaciones estamos condenados a la lucha y en nuestro caso tiene que ver con el cambio climático. Por eso, deberíamos tomarlo seriamente y no reducirlo a centrarnos en si es bueno o malo, porque quizá no vayamos a sobrevivir”, indica.

Por otra parte, cree que la ciencia, igual que el arte, debe tener el propósito de “alimentar el alma” y su principal responsabilidad como científico es alimentarla y “tener fe en que esto producirá cosas buenas de una manera u otra”.

Argumenta que cuando da clases a sus alumnos, siempre ve que “buscan alimentar ese hambre que llevan dentro”. “Mi destino -concluye- no es decirle a nadie si el cambio climático es bueno, malo o terrible, sino que les debo mostrar lo que he aprendido y luego confiar en que la gente tomará decisiones diferentes con respecto a talar árboles, porque habrán entendido realmente lo que es un árbol”.

Irene Dalmases

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