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Historias de vida: "Estaba  mal, por el ACV no podía hablar y después me dije: No queda otra que mejorar"

 Aramí Otter  iba a defender su tesis en Diseño Gráfico y un ACV alteró su vida.  Pasaron 4 años,  se recibió de costurera, diseña ropas  para mujeres y mascotas. Planea ser modista de alta costura. Con su madre, Mónica, relata su historia.

Mi hija se recibió de costurera tras dos años de estudio. Hace cuatro años sufrió un accidente cerebro vascular (ACV), no pudo defender su tesis en Diseño y casi no cuenta la historia. Perdió memoria cercana, lenguaje, etc. Tuvo que reinventarse –cuenta Mónica Laneri–. ‘Persistencia’ es el mensaje que usa siempre en Facebook y me emociona, dice.

Isabella Aramí estudiaba Diseño Gráfico en la Universidad Católica de Asunción (UCA) y llevaba un año preparando su tesis sobre Museo de la Memoria, casi en etapa de defensa y trabajaba en un estudio de diseño.

Así era su vida, una vida ‘normal’ de una joven estudiosa y trabajadora con muchos proyectos de vida.

Un día comenzó a sentir taquicardia, algunos episodios de confusión y de dolor en las articulaciones. Fue al cardiólogo y le realizaron una ecocardio que no ayudó a vislumbrar lo que ocurría. Necesitaban un estudio más profundo, según le adelantaron.

Ella debía volver a consultar con los resultados en mano y para que el cardiólogo le encargue otros estudios; pero ya no hubo tiempo. Recibió los estudios un viernes y el domingo de noche-madrugada sufrió un ACV.

En Terapia Intensiva del hospital le realizaron un estudio interno que permitió ver la presencia de una bacteria estreptococo, detrás de su corazón, razón por la cual no aparecía en la ecocardio.

La bacteria estuvo “comiéndose” su válvula mitral del corazón, por lo que ya no regulaba el paso de la sangre como es su función y creaba coágulos. Uno de ellos se “disparó” al cerebro provocando el ACV y generando también un aneurisma que no tardaría en detectarse.

La bacteria en ese tiempo había afectado corazón, cabeza y pulmones. Tras una larga estadía en el hospital, casi de milagro se salvó pasando por duros tratamientos con potentes antibióticos y dos cirugías: Una en la cabeza y otra en el corazón.

Severas secuelas

A consecuencia del ACV ella sufrió parálisis de medio cuerpo, pérdida de la memoria cercana quedando con afasia que es la pérdida del lenguaje.

Cuando despertó solo sabía decir “sí”, “no” y “gracias”, todo lo demás olvidó, tenía los conceptos en la cabeza pero no las palabras para nombrarlas.

Tampoco podía modular correctamente como para que salieran las palabras. Recibió terapia de fonoaudiología y muchos ejercicios de vocalización y trabalenguas. Hasta hoy está en eso de aprender cada día más como si fuera un idioma extranjero. Lo mismo con el volver a moverse.

La comunicación era gestual en la medida que mediante la repetición incorporaba nuevas palabras. Como mamá, era la cuidadora primaria y se producía aquello de conocerse y poder comunicarse con la mirada.

-“Yo la verdad es que estaba muy mal porque por el ACV no podía hablar, después me dije: Ya está, no queda otra que mejorar” –manifiesta tras las palabras de su madre, Aramí, quien a sus 28 años está recuperando de a poco la capacidad de hilvanar con palabras lo que piensa y siente.

Momentos duros

Los días hospitalizada fueron duros porque recibía un tratamiento con tres potentes antibióticos que iban directo por las venas para tratar de matar al bicho que había hecho tanto daño. No podía recibir el alta hasta asegurar que ya no estaba. Era incómodo y doloroso muchas veces; además de no tener movilidad y no poder hablar casi, depender para todo, con sesiones de fisioterapia, todos los estudios y cuidados médicos.

La incertidumbre sobre lo que podía pasar, saber que necesitaba una cirugía de la cabeza y otra del corazón era un sentimiento muy fuerte que tratábamos de enfrentar poniendo mucha fe y con una confianza absoluta en médicos y personal de blanco; con la moza del hospital que alentaba a comer; la fisio que con cariño hacia la gimnasia pasiva y la enfermera que pedía disculpas por tantos pinchazos.

El lema era: ‘La mente le ordena al cuerpo, no le permitas dudar’.

Sin optimismo sería imposible superar el ACV porque solo restaría entregarse.

El mensaje que ella siempre da con respecto a esto es: Persistencia. Podría ser también resiliencia, capacidad de reponerse, administrar frustraciones, adaptarse, buscar nuevas metas y seguir.

Fueron dos meses en el hospital sin ver la luz del sol y luego en la casa, aún con muchas limitaciones.

En un mismo año pasó por ambas cirugías, salió bien y se repuso, tiene una válvula mecánica en el corazón y fue sellado el aneurisma en la cabeza. Al año siguiente comenzó a estudiar modelaje –pensando en su deseo de ser diseñadora de modas– virtual, en principio por la pandemia y luego con cuidados.

Este año finalizó dos años de costura y se recibió, va a seguir estudiando diseño de moda. Siempre hace cursos con Fundación Saraki, donde encuentra afecto y apoyo.

-“Hay que tener fortaleza y persistencia porque si no, nunca vas a estar bien. Siempre me gustaron el diseño y la moda. Ahora quiero estudiar diseño de moda de alta costura”, expresa la joven con las palabras que logra extraer con mucha paciencia de su mente.

Marca propia

Actualmente cose y diseña ropas para mujeres y mascotas. Cree en la belleza como algo presente en cada ser, más allá de los estereotipos sociales; le gusta que la gente se sienta linda, más allá de tener o no la imagen que la sociedad pretende, también le gusta el reciclaje. Su marca Otter apunta a ropa para todo tipo de cuerpos fomentando el amor propio de cada persona

También considera la ropa para personas con discapacidad y las mascotas. Con este proyecto y presentando ese video ganó un premio de Capital Semilla para emprendedores con discapacidad y con eso pudo adquirir dos máquinas profesionales

Su intención es seguir formándose y afianzándose tras el sueño de su marca y diseños. Tal vez algún día, ya más recuperada, defenderá su tesis de Diseño Gráfico. En síntesis, la idea es no bajar los brazos. Y el mensaje en el caso de las personas que sufren un ACV es no rendirse, el cuerpo cada día puede recuperarse un poquito más, no importa la edad. El mensaje para las situaciones adversas es el mismo: no rendirse, darle una oportunidad a la vida.

Hay que tener fortaleza y persistencia o, si no, nunca vas a estar bien. Siempre me gustaron el diseño y la moda. Ahora quiero estudiar diseño de moda de alta costura.

Aramí Otter Laneri

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