WASHINGTON-EEUU.
Abogada, esposa, madre, primera dama, senadora, aspirante a candidata presidencial, jefa de la diplomacia estadounidense y, en unos meses, también abuela. Hillary Clinton acaba de recibir el que ya considera su “título más emocionante” hasta la fecha: su única hija espera un bebé.
Chelsea Clinton, que pasó su adolescencia en la Casa Blanca, anunció el jueves en un acto de la fundación familiar y sentada junto a su madre una noticia que sus padres llevaban años esperando oír: por fin van a ser abuelos. “Hillary quiere ser abuela más de lo que quería ser presidenta”, confesó el ex presidente estadounidense Bill Clinton en 2010, cuando Chelsea se casó con el inversor financiero Marc Mezvinsky.
Desde entonces, tanto Bill como Hillary han aprovechado la menor ocasión para recordar a su hija y, de paso, a toda la nación, sus enormes deseos por tener nietos.
“Bueno, es algo que no depende de mí, pero me gustaría tener ese título. Puedo decir con certeza que ese es el título que estaría más orgullosa de tener”, dijo Hillary en 2012, una opinión en la que se ratificó tras conocer la buena nueva.
“Bill Clinton y yo estamos entusiasmados con que Chelsea y Marc estén esperando su primer hijo”, escribió en la red social Twitter poco después de que la noticia saltara a las portadas.
El embarazo de la hija de los Clinton fue recibido con entusiasmo por la prensa, que escudriña cada detalle de la vida de la que para muchos podría ser en 2016 la primera mujer presidenta de EEUU.
Hillary sigue deshojando la margarita y se ha dado todo este año para anunciar si vuelve a presentarse a las primarias demócratas, pero sus continuas apariciones públicas, las campañas de recaudación y las múltiples encuestas a su favor hacen que su nombre sea el que suena con más fuerza para la próxima carrera presidencial.
Su futuro político se ha convertido en una auténtica obsesión para los medios nacionales, determinados a analizar cada frase, gesto o acontecimiento de su vida en clave electoral.
Una noticia tan suculenta como el embarazo de su única hija no podía ser menos, así que los analistas se han afanado en dirimir si la llegada de un pequeño Clinton a la familia beneficiaría o no a Hillary como aspirante a la presidencia.
La conclusión es unánime: todo el apoyo activo que Chelsea dio a su madre en 2008 cuando se enfrentó a Barack Obama no es nada comparado con el enorme regalo que le dará en unos meses con su bebé.
Un político con un niño en brazos gana en imagen de ternura y simpatía. Transmite un mensaje de protección y esperanza de futuro. Y todo esto se multiplica si el pequeño es su propio nieto.