04 nov 2026

Halloween

Es tiempo de sustos. Quedaron al descubierto un par de casos de vampirismo de manual que no por ser previsibles asustan menos. Por el contrario, el hecho de que su revelación confirme las peores sospechas y que las huellas irrefutables de la sangría quedaran expuestas a la luz no hace sino incrementar la sensación de que nos están dejando sin sangre. Aprovechemos estos días de monstruos y brujas para diseccionarlos y ponerlos en el debido contexto.

El primero era el más predecible de todos, el plebeyo político ascendido a titular de la petrolera estatal. La exposición a ese flujo de caja vertiginoso, millones de dólares entrando y saliendo de las cuentas públicas, compras, licitaciones, contrataciones, propuestas indecorosas, subalternos genuflexos, afectos en oferta, comisiones secretas… despiertan apetitos inconfesables. Si quieres conocer al hombre, dale poder.

Una mañana se habrá mirado al espejo y habrá descubierto, no sin cierta satisfacción, que los caninos le crecieron. La vena pública estaba expuesta y los beneficios de enterrarle los dientes eran demasiados. Y se dejó llevar por esa fantasía de vivir la vida de los derroches sin culpa, de quienes, en realidad, viven de los demás. Probablemente, intentó disimular tras los primeros golpes, pero la sensación de impunidad que debió generarle el apoyo público del presidente lo envalentonó. Cambió de casa, de auto y de mujer. Selfie en Venecia, en góndola, bajo el puente del amor. Media naranja siliconada, con algún planchazo facial y esperma de salmón. Una compañera de alcurnia política, acostumbrada al despilfarro estatal y perfecta para ser incluida en la foto republicana.

El plebeyo la llenó de flores y posteos en redes, pero el hambre nunca se saciaba del todo. Y es que aquel burócrata administrador de una importadora estatal de combustible se creía ya un jeque petrolero con derecho a su harén, y pagó uno con el dinero de la compañía. Señoritas de buena presencia pararon a ser beneficiarias de transferencias millonarias. La planilla se completó con amigos y parientes. Lo de siempre.

Hasta ahora han contabilizado una sangría cercana al millón de dólares, poca cosa para lo que estamos acostumbrados. Pero es una muestra ejemplificadora de cómo se “gestionan” la mayoría de las reparticiones públicas. No hay una sola dependencia que no registre alguna querida o querido, familiares, punteros, compras amañadas y licitaciones de pantomima.

El segundo caso es tan penoso como frecuente. La senadora que metió parientes y conocidos en nómina, que gestionó ascensos y todo a cambio de una parte del salario o de un pago por adelantado de los futuros haberes. Un bolichito de compra y venta de cargos y nombramientos financiados con el dinero de los contribuyentes.

Esta no sería más que otra historia vergonzosa de raterismo público si no fuera porque su pareja (ahora ex pareja), un analfabeto funcional, fue contratado como asesor externo en Itaipú, y en unos pocos meses cobró la friolera de 567 millones de guaraníes. El hombre reconoció que lo emplearon gracias a la senadora. En la binacional se tragaron la lengua. Nadie salió a explicar quién lo contrató, bajo qué criterios y para qué. Sin embargo, basta escucharlo cinco minutos para saber que el señor como mucho se puede dedicar a limpiar los baños.

El burócrata con ínfulas de jeque y la legisladora peajera son ejemplos didácticos de cómo funciona el vampirismo estatal, la monstruosa flora intestinal del Estado que explica la anemia fiscal a la hora de enfrentar las necesidades del contribuyente. Algunas son sanguijuelas pequeñas, otras gigantescas y voraces y todas en su conjunto perpetran esa sangría rutinaria que alimenta el eficiente aparato electoral republicano y al que se le suman los demás parásitos partidarios menores.

Por eso, en estos días en los que la oferta de películas y series repetitivas y previsibles abundan, si lo que quiere es un buen susto, repase las páginas de los diarios de la semana y sentirá las marcas en su yugular… O un ligero ardor en otras partes del cuerpo.

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