14 jul 2026

Hackeado

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No hay una palabra en español para “la acción de acceder ilegalmente a una base de datos ajenos para manipularlos”, pero eso es lo que le ha venido pasando desde hace unos buenos años al Partido Colorado. Quizás desde su fundación, cuando un general que misteriosamente se salva de morir en Cerro Corá es llevado prisionero al Brasil para retornar al país y junto con el legionario José Segundo Decoud fundar la Asociación Nacional Republicana, más conocida como Partido Colorado.

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Tal vez el primer hackeo haya sido colocar el ARN mensajero del Brasil que en vez de evitar el virus terminó por darle oportunidad a varios hackers de afuera y adentro a desnaturalizarlo por completo incluso de sus premisas básicas de partido político conservador en lo social y liberal en lo económico como su inspirador: El Partido Republicano de los EEUU, de donde incluso presta su adjetivo denominacional.

La agrupación política con más años en el gobierno en el Paraguay ha sido el soporte de la más longeva dictadura en el país y ha sido la escudería a la que se han montado todos aquellos que pudieran permitirle estar o recobrar el poder. Ha sido noticia esta semana porque su sistema de datos –según dicen desde adentro– ha sido hackeado para colocar miles de ciudadanos como afiliados sin haber consentido estos jamás su ingreso a dicho partido. De nuevo los hackers le han jugado una mala pasada o descrito en menor forma su naturaleza.

Los datos personales constituyen hoy el activo más importante en el mundo de los algoritmos, por lo que su protección e importancia son notablemente trascendentes.

Lo primero que debe analizarse es cómo y quiénes ingresan al sistema del padrón colorado para colocar con tal precisión los datos personales de miles para “hacerlos afiliados”. El propósito puede ser confundir o demostrar el poder que tienen algunos incluso de manipular las urnas electrónicas a favor del candidato del partido en los comicios municipales de octubre o en las generales del 2023.

Ya desde el mismo Tribunal Electoral se dio el caso de que un funcionario de rango inferior podía alterar los resultados a favor de quien pudiera pagar por el delito. Esta es una severa llamada de atención contra un sistema que puede tener un impacto sin precedentes en la democracia formal.

No solo parece ser necesario el “trato apu’a”, sino que también el “hackeo mbarete” puede ser fundamental en la distorsión de los resultados. Las explicaciones formales desde la conducción colorada de otro hacker como Alliana no suenan para nada convincentes.

Ya tenemos una democracia que no funciona en el dogma y ahora pareciera que los procedimientos formales se prestan a la manipulación y al fraude. Lo que pasó puede servir también para desalentar a los nuevos votantes que en pandemia han tomado una mayor conciencia del valor de sus votos, pero que todavía no parecen estar dispuestos a dar la lucha por corregir los grandes problemas del sistema democrático.

Una fórmula exitosa puede ser mostrarles que sus intenciones de cambiar pueden terminar en la nada con hackers dispuestos a desmoralizarlos, desalentarlos y desmotivarlos. El fraude o la posibilidad de llevarlo adelante es probablemente el método más efectivo para hacer que los votos sean de los mismos de siempre y que sus resultados por lo tanto: Iguales.

Los partidos políticos deben pedir una auditoría completa de la base de datos de todos, del padrón nacional, del Departamento de Investigaciones, de los vacunados por Covid y de otras fuentes públicas y al mismo tiempo perseguir a los que comercializan los datos sin pudor ni sanción alguna. Los hackers a veces solo quieren probar de lo que son capaces para desde la oscuridad mantener el poder a toda costa. Lo que aconteció en la ANR no es una cuestión nueva. Es histórica y ha funcionado de forma eficiente. Sin desactivarlo puede terminar siendo el gran elector en los próximos comicios.

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com