24 abr. 2024

Habitar la contradicción como respuesta política

Desde el núcleo creativo de las carreras de Artes y Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), un grupo de amigas liderado por Ofelia Meza y Milagros Villar dio a luz a un proyecto que se propone estudiar la cultura visual desde una perspectiva de género.

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“Nos atrae lo raro, lo monstruoso, lo indefinible, lo queer”, expresan las autoras del sitio web, haciendo un
guiño al texto de Sara Ahmed en Queer phenomenology.

Foto: Javier Valdez

“Creo que nuestro mejor momento es cuando nos apoyamos mutuamente y no cuando nos cancelamos por nuestros errores del pasado. Cuando nos ayudamos a crecer, nos educamos y nos guiamos hacia la redención. Eso es lo mejor de la humanidad”. Así agradeció Joaquin Phoenix el Oscar a Mejor Actor en su discurso. Ese espíritu del movimiento y la reinvención es el que recupera la revista Encuadra, un portal digital sobre cultura visual que se lanzó hace dos semanas por primera vez en Paraguay.

Hace dos años, en Buenos Aires, un grupo de amigas de Argentina, Chile, Paraguay y Colombia, estudiantes de Artes Visuales y Letras, se juntaron a conversar sobre las discusiones que las atravesaban desde su lugar de espectadoras, académicas y feministas. ¿Se puede separar al arte del artista? ¿Cómo conviven el feminismo y las ganas de narrar el cine? ¿Dejamos de consumir películas de Woody Allen? ¿Seguimos escribiendo o enseñando sobre Bertolucci o Roman Polanski?

De ahí surge la insignia que identifica al colectivo de Encuadra: habitar la contradicción como respuesta política. Milagros Villar, codirectora de la revista, explica que lejos de referirse al encuadre como un espacio estático de discusión, se trata de un discurso que está en movimiento como un acto performativo desde el que exponen más de un punto de vista. “Encuadramos desde nuestros propios recortes y subjetividades. Nos damos el permiso de reinventarnos y de habitar esos lugares grises e incómodos”, explica Mili.

Cancelar la cultura de la cancelación

Kevin Spacey, Taylor Swift, Erykah Badu, Kanye West, Cristiano Ronaldo, Louis C.K. son algunos de los famosos y famosas que, en algún punto de sus carreras, fueron cancelados. La cultura de cancelación –también conocida por su nombre en inglés, cancel culture– es un fenómeno que se basa en cancelar o dejar de apoyar moral, económica o digitalmente a personas (en general, figuras públicas), eventos, películas, series de televisión, obras de arte o cualquier expresión que pueda ser calificada como problemática o políticamente incorrecta.

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“Una no es una mala feminista porque decide igual ver una película de una persona cancelada. ¿Qué significa ser una “mala feminista”. No estamos de acuerdo con ese concepto. ¿Quién decide eso?”, reflexiona Milagros.

Foto: Javier Valdez

En un contexto en el que la cancelación está al alcance de un bloqueo en redes con el dedo, la revista asume una perspectiva laxa. Para ellas, los productos culturales, que pertenecen al mundo de lo sensible, son mucho más que solo sus directores. “Resumir cualquier tipo de producto cultural a una sola persona le quita mucho del poder que puede tener una obra. Claro que no dejamos de sentir lo mismo que cualquier feminista cuando descubrimos que un director que nos encantaba resulta ser un pedófilo y un golpeador, como Woody Allen. Es algo que nos afecta profundamente”, reflexiona Mili.

Pero, al mismo tiempo, las relaciones que establecemos con los objetos culturales, como el cine, son afectivas. Ofelia Meza, codirectora de Encuadra, considera que no podemos eliminar los afectos que ya produjo la película en nosotros. “Lo interesante es, precisamente, problematizar la forma de consumir estos objetos, pero también hacerse cargo de esos afectos que nos genera el producto”, expone.

“Una no es una mala feminista porque decide igual ver una película de una persona cancelada. No estamos de acuerdo con ese concepto. ¿Quién decide eso? Es más interesante para nosotras pararnos en ese lugar a reflexionar sobre las contradicciones que nos generan los movimientos feministas. Hacernos cargo de ese gusto y aprovecharlo para la reflexión sobre el arte es mucho más valioso que simplemente desligarnos de los problemas”, sigue Mili.

El lugar de lo monstruoso

“Nos atrae lo raro, lo monstruoso, lo indefinible, lo queer”, expresan las autoras del sitio web, haciendo un guiño al texto de Sara Ahmed en Queer phenomenology (2006). En él, la autora inglesa concluye con un debate sobre la desorientación, sobre lo queer como una relación oblicua o inclinada con un mundo recto. Los momentos de desorientación son experiencias corporales que empujan al cuerpo fuera de las líneas rectas.

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“La contradicción no es una inconsistencia en el pensamiento. Es lo que va por dentro y permite que las personas no permanezcan fijas en un lugar”, expresa Ofelia.

Foto: Javier Valdez

En palabras de Ahmed, la desorientación como un sentimiento corporal puede ser destructiva y hacer añicos la sensación de confianza, la creencia de que el suelo sobre el que nos apoyamos puede soportar las acciones que hacen que una vida sea vivible.

“La contradicción no es una inconsistencia en el pensamiento. Es lo que va por dentro y permite a las personas no permanecer fijas en un lugar. Siempre estamos pensando esta idea del movimiento y de reinventarnos. Pensar desde una perspectiva afectiva nos permite escapar a la lógica binaria de las redes sociales”, expresa Ofelia.

El nacimiento del lector

El filósofo y semiólogo francés Roland Barthes escribió un libro titulado El susurro del lenguaje. En él, dedicó un apartado a lo que llamó la muerte del autor, ya que sostiene que este adquirió un protagonismo desmedido, lo que dio lugar a una suerte de imperio alrededor del texto y generó una marca con autoridad capitalista sobre el escrito.

Según resuelve el académico, en la modernidad el escritor (el autor del texto) se pierde en una nebulosa de signos en múltiples dimensiones más que en la nebulosa narcisista de sus pasiones y sentimientos. Esto hace que se extravíe en su escritura cada vez más y que, en ella, disuelva su identidad. En ese proceso de desdibujamiento del autor-sujeto, hay alguien que recoge la polisemia de las obras: el lector.

“La obra es más que el autor en todo sentido. No solamente hay más gente involucrada en una película además del director, sino que la obra habla por sí misma. Es esta idea de trabajar con el propio lenguaje de la obra con la que puede recubrirse en su propio sistema. Preguntarnos cómo se construye esa imagen y no limitar el análisis a buscar explicaciones por fuera de las obras. Lo que nos interesa en Encuadra es repensar ese lector y ese espectador desde un lugar crítico”, refuerza Ofelia.

La revista analiza la cultura visual, entendida como todas las producciones que consumimos cotidianamente, como el cine, las series, la fotografía, la pintura, los memes, los videoensayos y las publicidades.

La revista analiza la cultura visual, entendida como todas las producciones que consumimos cotidianamente, como el cine, las series, la fotografía, la pintura, los memes, los videoensayos y las publicidades.

Foto: Camila Coscia

La revista continuará funcionando como una plataforma desde donde desarrollar distintos temas del interés de las colaboradoras; la escritura reflexiva y el análisis seguirán siendo los insumos principales. En el futuro, tienen pensado organizar charlas con referentes de la cultura visual, proyecciones, ciclos de cine y talleres.

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