07 jun. 2026

Guarania, la música de un pueblo que ama y sueña

VIDEO: En 1925 se estrenó por primera vez Jejuí, marcando el nacimiento de un género musical que, según Roa Bastos, es “la expresión más pura del alma popular”. El 27 de agosto se recuerda el Día de la Guarania, fecha de cumpleaños de su creador, José Asunción Flores.

JOSE ASUNCION FLORES

La primera guarania Jejui, Flores compuso Arribeño resay y Ka’aty. | Foto: Archivo

Por Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman

Todo empezó una noche de enero de 1925, en la terraza del antiguo Hotel Cosmos, en Asunción. Actuaba el trío de músicos integrado por Brand, Kamprad y Piensunka, que presentó por primera vez en público una pieza musical titulada Jejuí.

Entre los invitados especiales estaba el entonces presidente Eligio Ayala, quien manifestó, admirado: “Nunca antes he oído esta música, es algo nuevo, sin embargo me parece conocida ¿Quién es el autor?”.

Como nadie le respondía, el mandatario se levantó y volvió a formular la pregunta, en voz más alta. Entonces, desde el escenario, el músico Brand le contestó: “El autor es José Asunción Flores, un muchacho muy talentoso de la Banda de la Policía”.

Esta es al menos la versión sobre el estreno oficial de la guarania, como nuevo género musical, que narró el propio Flores a la escritora Sara Talía, transcripta en su libro: “José Asunción Flores: génesis y verdad sobre la guarania y su creador”.

Pero no es esta la fecha establecida para recordar el Día Nacional de la Guarania, sino el 27 de agosto, en recordación al día en que nació su creador, Flores, en 1904, en la humilde e histórica barriada de Punta Karapá, en la Chacarita, denominada actualmente como el barrio Ricardo Brugada, de Asunción.

NUEVO RITMO. Hijo de un músico popular, el guitarrista Juan Volta, a quien casi no conoció, y de una humilde lavandera, María Magdalena Flores, José Asunción creció en un ambiente marginal, pero sonoramente musical y con intenso fragor de luchas políticas y sociales, que marcaron su formación artística y humana.

Formado principalmente en la legendaria Banda de la Policía, Flores se volvió un obsesivo investigador de las raíces de la música paraguaya, y planteaba que era necesario un ritmo más propio.

“En nuestro país no teníamos una genuina música folclórica ni autóctona, fuera del auge de una música popular de raíces exóticas.

José Asunción Flores se empeñó en buscar nuestra genuina música folclórica, porque sentía que le golpeaban unas secretas adivinaciones. Genial intuitivo, expresión arquetípica del medio y de la raza, artista verdadero, sus poderosas antenas psíquicas le orientaron hacia el hondón humano y hacia la naturaleza”, explicó el escritor Augusto Roa Bastos, en una célebre conferencia dictada en 1944, en el Ateneo del Centro de Estudiantes de Medicina de Asunción, sobre “El surgimiento y evolución de la guarania”.

Flores había llegado a su creación, utilizando ritmos y melodías más lentas y melancólicas, en compás de 6/8. El primer experimento fue interpretar la polca “Ma’erãpa reikua’ase”, de Rogelio Recalde, ralentizándola.

Cuando hubo que ponerle un nombre a su composición, se le vinieron a la memoria los versos del poeta Guillermo Molinas Rolón, en su poema La fiesta de la raza, sobre el país de los indígenas guaraníes, en donde dice: “Y fue también Guarania la región prometida / como tierra de ensueños / de ilusiones y de vida”.

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José Asunción Flores | Foto: Archivo ÚH

EVOLUCIÓN. Tras la primera guarania Jejui, Flores compuso “Arribeño resay” y “Ka’aty”, con letra del poeta Rigoberto Fontao Meza, hasta que unió su genio creador al gran poeta guaireño Manuel Ortíz Guerrero, con quien compusieron algunas de las piezas musicales más legendarias del nuevo género: “India”, “Nde rendape aju”, “Panambi Vera”, “Kerasy”, “Paraguaype”.

“Su nacimiento está vinculado, como se sabe, el nombre de uno de los más grandes poetas que tuvo nuestra patria: Manuel Ortíz Guerrero. Flores encontró en él, desde un comienzo, la comprensión y el apoyo fervoroso que provenían de una estrecha afinidad espiritual. Fue este un encuentro providencial. Entre duras vicisitudes emprendieron su labor artística estos dos geniales temperamentos. No tardaron en aparecer los detractores y los que, desde la placidez del aurea mediocritas empecinados calumniadores y traficantes del arte, creyeron tarea fácil aplastar a los dos jóvenes revolucionarios que irrumpían vestidos de magnifica gallardía, negándole rotundamente todo mérito innovador”, recuerda Augusto Roa Bastos, en la citada conferencia sobre Flores y la guarania.

Tras la muerte de Ortiz Guerrero, Flores sigue el mandato que le dejara su amigo: “Debes viajar a Buenos Aires, pasear tu guarania por sus calles, salones...”. En 1933 aborda un buque y desembarca en la capital argentina, que se convierte en el principal escenario de su genio musical, donde crea la Orquesta Ortíz Guerrero, sigue componiendo y graba temas memorables como “Gallito Cantor”, “Pasionaria”, “Ñane aramboha”, “Nde raty pykua”, “Mburicao” y “Nde rendape aju”, con letra de diversos poetas.

Al mismo tiempo, impulsado por sus ideales de justicia social, Flores se afilia al Partido Comunista Paraguayo, lo cual lo convierte en un exiliado y lo lleva a morir en el destierro, el 17 de mayo de 1972. Sus restos serían repatriados a su país recién tras el derrocamiento de la dictadura stronista, en 1991.

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José Asunción Flores junto a Mao Tse Tung. Pekín, 1959. | Foto: Gentileza

“El tiempo ya se encargó de borrar lo malo sobre la arena amarilla de la envidia. Hoy, de confín a confín de la patria, vibra la guarania como la expresión más pura del alma popular”, dice Roa Bastos.

El autor de Yo el Supremo enfatiza que “si la guarania, como expresión de un arte avanzado, aunque sin separarse nunca de la tierra, del medio físico y humano que le da su sustentáculo, promueve cierto género de desarrollo estético, no es menos cierto que también despierta y aviva las fuentes de la bondad, de la perfección moral. Yo puedo afirmar aquí, sin temor a ser desmentido, que nadie, después de haber escuchado una guarania o un kyre’y, ha llevado el alma emponzoñada por un sentimiento impuro o por un fermento desapacible de maldad. No podría ser esto. Esta música nos trae la noble voz de la naturaleza. Ella nos refleja la angustia del hombre, su ansiedad metafísica, su incoercible anhelo de elevarse y transfundirse por el ensalmo místico con las fuentes de la bondad absoluta”.

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