PÁRÍS
Choques entre policía y manifestantes, irrupción en ayuntamientos, caos en el centro de París. Las protestas contra el encarecimiento de la vida sacudieron este sábado Francia, cuando su presidente Emmanuel Macron enfrenta un fin de mandato convulso.
A seis meses de la elección presidencial para elegir a su sucesor, un llamado en las redes sociales titulado “Amarillos y Jóvenes” exhortaba a protestar junto al movimiento de los chalecos amarillos, a la generación Z, a campesinos, profesores, activistas climáticos, jubilados, etc.
“Abajo el sistema”, “Tomamos la Bastilla”, “Macron dimisión”... El deseo de cambio planeaba entre 550.000 y 800.000 personas –según las autoridades y los organizadores respectivamente– que se manifestaron en Francia.
Pese a que en su mayoría fueron pacíficas, estas se vieron opacadas por enfrentamientos entre policías y manifestantes, saqueos de tiendas y marchas no autorizadas que sembraron de caos el centro de las grandes ciudades.
Detenidos. Las autoridades anunciaron un balance inicial de unos 400 detenidos. Aunque los manifestantes criticaron la acción policial desde finales de setiembre contra las protestas estudiantiles, la movilización de este sábado se centraba en el encarecimiento de la vida, que se plasma sobre todo en el alza del combustible desde el inicio de la guerra en Oriente Medio.
“A finales de mes ya no me queda nada, los precios suben pero los salarios no. No podemos más, nos ahogamos”, denunció Franck, un funcionario que se manifestó en Guéret, en el centro de Francia, junto a unas 300 personas.
En Marsella y en Lille, manifestantes accedieron a los ayuntamientos y, en la primera, derribaron un busto de Marianne, símbolo de la República Francesa. En el de Limoges, un incendio se declaró en la noche.
Pese a que la manifestación oficial en París discurrió de manera festiva, antes de su inicio las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos y usaron un cañón de agua en respuesta a los objetos lanzados por manifestantes enmascarados en la plaza de la República
Y las autoridades tuvieron que enfrentar también protestas no autorizadas en otros puntos de la capital como en los turísticos Campos Elíseos, cerca del museo del Louvre o en los alrededores del Palacio de Elíseo, sede de la Presidencia francesa.
ACUSAN A LA IZQUIERDA. “No nos dejaremos intimidar”, aseguró el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, que acusa al partido de izquierda radical La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon –muy popular entre los jóvenes– de estar detrás de las protestas.
“La extrema izquierda tomó de nuevo como rehén las reivindicaciones sociales legítimas”, abundó la líder ultraderechista Marine Le Pen, que lidera los sondeos de la presidencial y podría disputarse el balotaje con Mélenchon.
La situación se tensó cuando atardecía. Las autoridades activaron unidades de élite antidisturbios en París, donde se registraron incendios de papeleras y autos y se saquearon comercios en las calles del centro.
Las acciones recuerdan a la ola de protestas de los chalecos amarillos en 2018 y 2019 contra el alza prevista de un impuesto al combustible.
Las imágenes de violencia, con destrozos incluso en el simbólico Arco del Triunfo, y la acción policial, que provocó que manifestantes perdieran ojos, conmocionaron entonces a Francia.
“Hace ocho años luchamos con todas nuestras fuerzas”, recordó François Boulo, figura mediática de los chalecos amarillos. “Ahora la juventud ha irrumpido y nos ha devuelto la esperanza”, agregó.
Piketty: “Protestas marcan el ocaso del macronismo”
El economista francés Thomas Piketty considera que las actuales protestas de estudiantes de secundaria y universitarios en Francia marcan el “ocaso del macronismo” y ponen de manifiesto el deterioro de la financiación de la educación superior durante la presidencia de Emmanuel Macron.
El gasto por estudiante ha caído alrededor de un 20% desde 2017, cuando Macron llegó al Elíseo, precisó el director de Estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS) y profesor de la Escuela de Economía de París, en un artículo este sábado en el diario Le Monde.
“Cientos de miles de jóvenes se esfuerzan para obtener el bachillerato, pero no se ha previsto nada para acogerlos en la educación superior”, afirma Piketty, uno de los economistas franceses más conocidos e influyentes a nivel internacional, especialmente en el debate sobre la desigualdad económica, la concentración de la riqueza y la fiscalidad de las grandes fortunas.
Piketty cuestionó los argumentos del Gobierno sobre el aumento de los recursos destinados a las universidades, ya que aunque el presupuesto de la educación superior pasó de 13.300 millones de euros en 2017 a 15.500 millones en 2026 (+17%), la inflación acumulada del 22% durante ese periodo implica una reducción del gasto en términos reales, explicó.
A ello se suma el aumento del número de estudiantes, que pasó de 2,6 millones a más de tres millones, un 15% más, lo que ha reducido los recursos disponibles por alumno.
Sostuvo, además, que el crecimiento del número de estudiantes no ha ido acompañado de una ampliación suficiente de las plazas. EFE