El presidente Horacio Cartes partió ayer, lunes, rumbo a Cuba, para participar de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
Cartes se fue a Cuba.
A la Cuba de los hermanos Castro, a la izquierdosísima y anciana dictadura, a la Cuba de José Martí, a la Cuba del Che Guevara, a la Cuba de Silvio y Pablo, a la Cuba de Camilo Cienfuegos, a la Cuba de Haydée Santamaría.
Cartes se fue a Cuba, y hasta ahora no escuché el comunicado urgente de la ARP, UGP ni UIP, para advertir el peligroso giro hacia la izquierda de este gobierno.
Quizá no están reaccionando porque a Punta, donde quizá aún estén vacacionando, no llegó la noticia. O lo que es más grave, ellos no estuvieron con el presidente farreando en la boda de su sobrina el finde pasado en Punta, y por eso él no les contó lo del viaje.
La cuestión es grave y no es para tomarlo tan a la ligera, como está haciendo esta periodista.
Se trata, nada más y nada menos, que del hecho de que el Paraguay se anda juntando mucho con el grupete ese de los bolivarianos.
Y con respecto a esta cuestión de ser bolivarianos (Dios nos libre y nos guarde), yo no sé si Horacio Cartes tiene bien claro lo que anda haciendo.
el cuco. Convengamos que el asquito y el desprecio que gente de cierto nivel les tiene a los comunistas, a los de izquierda y hasta a los descafeinados socialdemócratas, es algo heredado de los tiempos del dictador Alfredo Stroessner.
Pero tampoco fue el malvado Stroessner quien lo inventó. Resulta que viene de un poco más atrás y un poco más arriba: hablamos de la Guerra Fría y de la doctrina de seguridad nacional, hablamos de la CIA ayudando a derrocar gobiernos de izquierda electos por gente tan irresponsable como los chilenos en el año 1970.
El hecho es que por culpa de ese proceso heredamos la tilinguería de pensar que todo lo que viene de hacia la izquierda es malo, malísimo.
Por eso a Fernando Lugo le jorobaron tanto durante 4 años, hasta que al fin pudieron deshacerse de él tras un juicio político tan expeditivo.
Porque miren que Lugo nunca ni siquiera les miró mal a los grandes ricachones de este país, no les cobró más impuestos, no nacionalizó ninguna empresa.
Tampoco les sacó sus tierras a esos que tienen miles y miles de hectáreas a lo largo del Paraguay, y, por supuesto, no eliminó la pobreza ni la miseria ni la injusticia ni la mala distribución de la riqueza.
Si era Fernando Lugo quien se iba a Cuba, a estas alturas ya estaría ardiendo Troya.
Pero, no fue precisamente gracias a Lugo que Venezuela por fin ingresó al Mercosur.
Todos los antibolivarianos defensores de nuestra “soberanía”, después de haber avalado la destitución de Fernando Lugo, ahora deben estar mirando hacia otro lado, para no ver cuando Horacio Cartes se toma una foto con los hermanos Castro.