“En estos días Italia ha estado en el centro del mundo. Me siento orgullosa de que nuestra nación haya logrado sorprender y marcar una dirección”, ha celebrado la primera ministra.
Meloni ha sido la flamante anfitriona de la Cumbre en la que los líderes del G7, el grupo de democracias más avanzadas del planeta (Alemania, Canadá, EEUU, Francia, Italia, Japón y Reino Unido), repasan cada año la enrevesada geopolítica global.
Todo ha transcurrido en Borgo Egnazia, un lujoso hotel en Apulia (sur).
Los dominios de este idílico resort han acogido al presidente de EEUU, Joe Biden, y el francés, Emmanuel Macron, así como a los primeros ministros de Canadá, Justin Trudeau, o Reino Unido, Rishi Sunak, entre el resto de miembros de este selecto club.
Meloni llegaba a la cumbre reforzada tras las pasadas elecciones europeas, vestida con tonos pastel y visiblemente relajada, al contrario que muchos de sus socios: Biden persigue una difícil reelección, Macron y Sunak afrontan unas elecciones vitales en sus países, a Scholz le han adelantado sus rivales y hasta el discreto primer ministro japonés, Fumio Kishida, atraviesa turbulencias.
Ella sabía que se trataba de una cita importante para su carrera y por ello ha optado por darle un toque muy personal. Basta pensar que ha conseguido por primera vez la asistencia de un papa, Francisco.
MILEI. Uno de sus invitados personales fue el presidente argentino, Javier Milei, nuevo icono de la política mundial. Fue con este con quien más química desprendió, recibiéndole a las puertas del hotel, entre abrazos y chascarrillos inaudibles que la hicieron reír. Poco después, Meloni italianizó el lema de su amigo argentino: “Viva la libertà!”, escribió en la red social X.
Esta también ha sido una cumbre de muchos gestos y también un inesperado damero ideológico a costa del aborto, con visiones tan contrapuestas como la de la conservadora Meloni, la de Macrón, que lo incluyó en la Constitución francesa o la de Biden, que ha hecho de ese derecho su bandera electoral.
La decisión fue salomónica: en la declaración final no hubo rastro de la palabra de la discordia, pero los líderes revalidaron su apoyo al texto del año pasado de Hiroshima, que sí la dejaba por escrito.
Meloni aseguró en la rueda de prensa final que no se aludió a la palabra porque ya se había escrito en 2023, para no hacer el texto “inútilmente repetitivo”, y denunció una “polémica artificial”. Mientras las negociaciones del G7 todavía humean sobre las copas de los olivos de ‘Borgo Egnazia’, queda por ver cuánto durará esta ‘pax’. La siguiente pantalla será el reparto de los altos cargos de la Unión Europea tras los comicios y Meloni jugará sus cartas.