Por Raúl Cortese
GENERAL ARTIGAS
La ausencia de oportunidades laborales es el principal motivo de un éxodo que ya lleva años enquistado en la población de General Artigas, Departamento de Itapúa. Las familias quedan cercenadas, con miembros que en algunos casos logran volver a verse después de años, o nunca más. Es una localidad con cada vez menos habitantes.
La economía se encuentra en plena caída, no existen fuentes de trabajo, y desde hace años mantiene una fuerte emigración al extranjero, principalmente a la capital argentina.
El periodista Edmundo Godoy confirma que en los últimos 10 años la salida de los artiguenses a tierras argentinas fue permanente. “En las fiestas de Año Nuevo vienen cinco y van diez. El motivo es simple, la ausencia de fuentes de trabajo”, sentencia el comunicador.
Un día cualquiera de semana parece feriado, muy poca gente se observa caminar o andar en vehículos. La economía se basa en el movimiento de dinero que generan los docentes locales y los empleados públicos junto a la cada vez más raleada remesa.
familias desmembradas. Hermelinda Ferreira tiene cuatro hijos en Buenos Aires, dos permanecen con ella, y cuatro hermanas, sobrinos y nietos también fueron a la Argentina. Vive en el Barrio 3, en donde 2 de 6 casas se encuentran abandonadas, sus propietarios se encuentran en el vecino país. “Tengo una hija enfermera, pero no consigue trabajo, y creo que también se va a ir para la Argentina”, se queja Hermelinda. La mujer no viajó a Buenos Aires porque tiene una hermana de 80 años postrada en la cama y no la quiere abandonar. Aún no logró ingresar al programa de asistencia que el Estado tiene para las personas de la tercera edad.
Como el caso de esta mujer hay cientos. Solamente personas de edad avanzada se observan en los establecimientos rurales o pequeñas chacras. Los jóvenes se fueron porque quedarse significa vegetar y cultivar productos que después no tienen posibilidad de ser comercializados o son vendidos a precios muy bajos.
todo en decadencia. El comerciante Juan Soley calcula que el comercio se deprimió en un 60% o más. “Hoy vendemos menos de la mitad de lo que anteriormente vendíamos y lo que lleva la gente es mucho menor. De lo que solían comprar un litro o un kilo, hoy llevan menos de la mitad”, explica.
Dice que no existen fuentes de trabajo y tampoco créditos a bajos intereses para de esta manera ayudar de modo eficiente al pequeño productor, que no logra salir de sus deudas, y, por el contrario, con el correr de los años, es más grande e imposible de saldar.
otros tiempos. Relegados quedaron los tiempos cuando el tren era el medio de desarrollo para toda la zona. “Era una fiesta patronal cada vez que el tren llegaba con sus vagones llenos de pasajeros. Por las calles donde estaban los comercios apenas se podía caminar de la cantidad de gente que había”, dice Juan Centurión, docente jubilado.
La venta de pasajes descendió a su mínima expresión, ya nadie llega a Artigas y las líneas de colectivos estudian la posibilidad de suprimir algunas rutas debido a la escasa cantidad de pasajeros. “Pero las encomiendas desde Buenos Aires siguen llegando, los familiares dentro de lo posible siguen ayudando a quienes quedaron en General Artigas”, confirma Derlis Espínola, comerciante y propietario de un copetín donde las comidas a la carta prácticamente no se hacen, ya solo se venden minutas.