19 abr. 2026

Gamarra y su mensaje para Cerro

10:00 | El zaguero Carlos Gamarra fue uno de los jugadores buscados tras el triunfo de Olimpia ante Cerro, en el clásico del fútbol paraguayo. Lo que dijo sobre el partido. Su confesión.

gamarra olimpia

Carlos Gamarra es una de las figuras de Olimpia para esta temporada. El Decano está ubicado en el puesto 46 entre los mejores clubes del mundo. FOTO: Fernando Calistro

Domingo/23/SETIEMBRE/2007

Por Andrés Colmán Gutiérrez, Ciudad del Este

Durante la semana previa al partido se dijeron cosas, pero el “Colorado” fue cauto al decir que “gane el mejor”. En otra declaración había señalado que jugaría el clásico hasta con una sola pierna, pues se mencionó que no quería jugar ante el Ciclón.

“Yo soy olimpista y no tiene ningún sabor especial la victoria. Solamente llevamos los tres puntos que vinimos a buscar y nada más”, fue la respuesta que dio cuando le consultaron que si tenía un sabor especial.

Seguidamente disparó diciendo que “yo nada dije. La gente de Paraguay habla todo al pedo. Los chicos que también juegan en el otro equipo (por Cerro Porteño) tienen que cerrar la boca. Tienen que hacer dieta y seguir jugando todavía”.

Sobre el protagonismo de Darío Caballero, pues marcó el transitorio empate, Gamarra sostuvo que “así es el fútbol. Una vez le toca a uno y la próxima al otro. Lo más importante de todo es que Olimpia haya ganado y sigue en competencia, pues si perdíamos quedábamos lejos y prácticamente sin posibilidades de llegar al título. No alcanzamos la punta, pero la lucha sigue, continúa”.

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Los apuros del Capitán Camaleón

Con media cancha llena en contra y media cancha a favor, Carlos “Colorado” Gamarra, capitán del club Olimpia, ingresa al estadio del 3 de Febrero de Ciudad del Este, decidido a enfrentarse a las tormentas.

No les resulta simpático a los hinchas de Cerro Porteño ver a quien hasta hace poco era uno de sus máximos ídolos, gran símbolo mediático de los azulgranas, salir vestido con la camiseta franjeada para comandar a su principal adversario deportivo. Se lo hacen saber a grito pelado.

En el preciso momento en que los once del Olimpia entran a la cancha, desde el centro de la gradería norte, los miembros de las barras bravas de La Plaza y Comando le cantan: “Coloraaaado... te digo de corazón... sos un hijo de puta... sos un camaleón”.

Con gesto adusto, el capitán los ignora, hace como que no escucha, y corretea hasta el medio del gramado a posar para la clásica foto. Desde el otro lado, los muchachos de Mafia Negra tratan de que no se oigan los insultos de la hinchada rival, con los estruendos del bombo y el “dale oooo...”, pero es en vano.

El “Colorado” había comenzado bien, con un beso de Leonardo, el astro brasileño de la música sertaneja, que anoche ofreció un megaconcierto en Ciudad del Este, luego del partido. En conferencia de prensa, el cantante se proclamó un gran fan del futbolista paraguayo, desde la época en que jugó en los clubes Palmeiras, Corintians y Flamenco.

Pero ahora el partido comienza y el Capitán Camaleón, con su remera franjeada número cuatro, casi no se despega de su arquero Henry Lapczyck, como si temiera abandonarlo por mucho tiempo, o como si tuviera cierta aversión a correr muy lejos.

Cuando lo hace, le cuesta llegar a tiempo a la pelota, y más de una vez tiene que parar, agacharse con las manos en las rodillas y respirar hondo a recuperar el aire. Treinta y seis años no pasan en vano.

El primer gol es de Cerro Porteño. La mitad de la cancha explota y Gamarra se agarra la cabeza. El oficio del viejo jugador sale a flote, quiebra el letargo. El capitán zarandea a los gritos a sus hombres, y poco después llega el empate. Paradójicamente, el gol es de Darío Caballero, el otro ex cerrista que ahora juega por Olimpia. El Capitán Camaleón no está solo.

En el segundo tiempo regresa con más bríos, más protegido porque su arco queda al otro lado de la hinchada de Cerro. Gamarra es una máquina imparable que grita órdenes en busca del gol, pero el cansancio llega rápido y más de una vez muestra que le falta el aliento.

Pero es la noche de gloria de Olimpia y el gol de Roberto Acuña trae el desempate, casi al final del partido. El capitán infla el pecho de cara a la hinchada norte, como desafiando a sus antiguos seguidores que hoy lo llaman Camaleón. Algunos hinchas del Olimpia saltan la valla y lo alzan en andas, a reinvindicarlo. Uno de ellos le quita la remera y otro le arrebata el short. El capitán se queda en slip y huye con pudor hacia el túnel, mientras la mitad de la cancha corea su nombre.