Los aficionados al fútbol en el mundo tuvieron la oportunidad, una vez más –muchos por primera vez–, de disfrutar y sufrir de una final de la Copa Mundial. Y en Paraguay, los corazones estuvieron divididos entre las colectividades de migrantes españoles y argentinos, residentes en el país. De la ansiedad y la emoción que dejaron los 120 minutos en que se extendió el partido, la histórica jornada de la víspera dejó postales dispares de un mismo instante en los sitios más concurridos, con los rostros de españoles celebrando y los argentinos sorbiendo de una nueva derrota en una final de la Copa Mundial de Fútbol.