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Fe de promeseros ignora todo cansancio y riesgo a la salud

La devoción de los promeseros no conoce de razones ni de las recomendaciones de las autoridades del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.
Es que a muchos la promesa hecha a la Virgen de los Milagros de Caacupé les empuja a peregrinar en horas en que el calor se vuelve agobiante con un sol que castiga como látigo y el asfalto que quema.
Pese a la sugerencia de Salud, de evitar exponerse a los rayos solares entre las 10.00 y las 17.00, de todas maneras centenares de devotos a la Santa Patrona de los paraguayos caminan horas y horas durante la siesta, cuando la sensación térmica trepa los 37ºC.
Y lo más preocupante, en cada tramo se observa a promeseros cargando a sus pequeños hijos; o bien, llevan a sus retoños en carritos.
"Le hice una promesa a la Virgen de traerle a mi bebé para que le salga todo bien en su salud", manifestó Fabián Espillaga, quien es de Yaguarón, pero arrancó la peregrinación en Kurusu Pablito en compañía de su familia. Solo una toalla cubría la cabeza de la criatura del quemante sol. Iba durmiendo en el hombro de su padre que estaba dispuesto a cargarlo en sus brazos en el trayecto de 15 km de camino hasta el santuario.
Otros dos menores, sin que nada les cubra del calor extremo, completaban esa comitiva de promeseros. "Vamos para agradecerle todo lo que nos dio este año: salud, trabajo y el pan de cada día en la mesa", dice Saturnina Cáceres, abuela del bebé peregrino.
Consultada si no tiene miedo de que a los chicos les pueda azotar un golpe de calor, contestó que ingieren "agua fría" a cada tanto para contrarrestar el sofocante clima.
Desde el viernes último es incesante el ir y venir de fieles y visitantes en los alrededores de la Basílica Menor. Se espera que, conforme pasen los días, el flujo vaya en aumento.
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Camino del peregrinante
Agradecen por la casa y el trabajo
Helio Roble, de Capiatá, peregrina desde hace ocho años desde la Avda. Gral. Santos hasta el Santuario de la Virgen. Su esposa, Valeria Rivas, se sumó a la travesía, junto a sus hijas y ahijadas, en Kurusu Peregrino. "Nos casamos y le pedimos para nuestra casa y un trabajo. Hoy en día ya estamos en casa propia que conseguimos de forma milagrosa", manifestó Helio, quien trabaja como serigrafista. En efecto, diseñó la imagen de la Virgen de los Milagros y la estampó en las remeras que llevaban puestas su esposa e hijas. Él, al igual que su amigo, se pondría recién al llegar a la Basílica.
Su compañero, Milciades Martínez, se unió a la comitiva tras partir –dijo– de Villa Elisa. "Salí a las 5.00, caminando vengo de ahí", apuntó mientras el reloj daba las 14.49 y ellos descansaban tomando tereré, bajo la única sombra que encontraron.

Llegaron pese al calor y al tráfico
Bajo un sol abrazador y con un movimiento vehicular nunca antes visto en las calles de Caacupé, tuvo lugar la undécima peregrinación de los jinetes nucleados en la Asociación de Jinetes del Paraguay. Delfín Guimaraes, presidente de ese gremio, contó que se alistaron 300 jinetes, provenientes de las distintas partes del país.
En la caravana equina pudo observarse a elegantes amazonas, quienes con sus briosos corceles despertaron la admiración y la curiosidad de la gente que observaba el paso de los caballos.
Partieron del desvío a San Bernardino, kilómetro 42 de la ruta II, a las 10.00, y llegaron a la Basílica cerca de las 12.30. Pese al fuerte sol y el calor asfixiante, monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de la Diócesis de Caacupé, acompañó la peregrinación de jinetes montado en un caballo (D.B.).

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