14 abr. 2026

Fátima Abramo: La música como destino, conquista y memoria

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Fátima Abramo. La trombonista. Ella es la primera mujer del país en obtener un máster en Composición Musical.

@Encisoclarisa

En un país donde abrir caminos en el arte muchas veces implica romper silencios y desafiar moldes, la historia de Fátima Abramo Acuña se escribe con coraje, disciplina y una sensibilidad que trasciende partituras. Trombonista de sólida trayectoria y hoy la primera mujer paraguaya en alcanzar un máster en Composición Musical, su vida es una sinfonía de decisiones valientes, de luchas íntimas y de un amor profundo por la música que encontró en el viento y luego en la creación, su voz más auténtica.

Desde los pasillos del Conservatorio Nacional de Música hasta escenarios internacionales, su recorrido no solo habla de talento, sino de perseverancia. De una mujer que eligió un instrumento poco habitual, que soportó prejuicios y que transformó cada obstáculo en impulso creativo. Hoy, su nombre no solo resuena en Paraguay, sino que empieza a inscribirse en el mapa global de la composición contemporánea.

El llamado del viento. Todo comenzó con la guitarra. Como muchos jóvenes, Fátima dio sus primeros pasos en la música desde lo más cercano: Cantar, explorar acordes, descubrir melodías. Ingresó al Conservatorio Nacional de Música siendo apenas una adolescente y allí inició su formación en guitarra popular, carrera que culminó y que hoy también la acredita como docente.

Pero había algo más. Una inquietud constante, casi inevitable, que la empujaba a buscar nuevos sonidos. Fue entonces cuando su mirada se posó en los instrumentos de viento. No sabía exactamente cuál elegir, hasta que un instante marcó el rumbo de su vida: El sonido de un trombón imitando un efecto de caricatura. Ese gesto simple, casi lúdico, fue suficiente para enamorarla.

Así comenzó su historia con el trombón, un instrumento históricamente dominado por hombres, especialmente en el ámbito orquestal. Lo que inició como un pasatiempo pronto se convirtió en vocación. Con el impulso de referentes como el maestro Florentín Giménez, quien la alentó a tomarse en serio el instrumento, Fátima decidió apostar todo.

Desde entonces, han pasado más de dos décadas de estudio riguroso, audiciones y escenarios. Fue trombón principal de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) durante casi una década y, desde hace 14 años, ocupa ese mismo rol en la Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional. Una trayectoria que no se construyó sin resistencia. “Tuve que estudiar el doble para ser reconocida”, recuerda a ÚH. Y en ese doble esfuerzo también se forjó su identidad artística.

Componer desde la herida. El camino hacia la composición no fue una decisión inmediata, sino una consecuencia natural de su curiosidad y su cercanía con su maestro y mentor, Remigio Pereira. Bajo su guía, Fátima comenzó a explorar el universo de la creación musical, primero desde los arreglos y luego desde sus propias obras.

El punto de inflexión llegó en 2020, cuando su obra Trazos del sur conquistó premios en distintos certámenes internacionales, incluyendo el reconocido festival Trombonanza y el International Trombone Festival en Estados Unidos. Esa pieza, profundamente latinoamericana, no solo le abrió puertas, sino que la posicionó como una compositora con voz propia.

Desde entonces, su música ha recorrido países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México, llevando consigo una identidad sonora que conecta con lo local y lo universal. Obras como Flores de loto y sus creaciones sinfónicas y de cámara consolidaron una carrera que no deja de expandirse.

Pero su obra más reciente y, quizás, la más íntima nace de una necesidad urgente de decir. Su tesis de máster, realizada en España, aborda la violencia contra la mujer a través de la música programática. Un proyecto que busca generar conciencia desde el arte, transformar el dolor en sonido y la experiencia en reflexión colectiva.

“Es una manera de hablar de lo que muchas veces callamos”, expresa.

Una corona que es camino. Convertirse en la primera mujer paraguaya con un máster en Composición Musical no fue un objetivo inicial, sino un símbolo que hoy Fátima abraza con emoción. “Es una corona”, dice, entendiendo que ese logro representa mucho más que un título, es la síntesis de años de sacrificio, de batallas silenciosas y de sueños sostenidos.

Recientemente, su obra Trazos del sur fue estrenada en España, sumando un nuevo país a su recorrido internacional. Ese mismo reconocimiento la llevó a integrar una Galería de Honor de Mujeres Compositoras del Mundo, un espacio que celebra la creación femenina a nivel global. Un momento que, según confiesa, la emocionó hasta las lágrimas.

Lejos de detenerse, Fátima ya proyecta nuevos desafíos: Encargos internacionales, estrenos en Brasil y Estados Unidos, y nuevas composiciones para la Orquesta del Congreso Nacional. Su música seguirá viajando, creciendo, transformándose.

Porque para ella, el aprendizaje nunca termina y porque su historia, lejos de ser una meta alcanzada, es apenas el comienzo de una obra mayor.

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