El modesto origen de una empresa que hoy transita su tercera generación.
La historia de Estudio Benítez se inicia con un dibujante que introdujo en el país un sistema de producción hasta entonces desconocido, y la de una familia empresaria que, contra la regla estadística, hizo de cada relevo generacional un paso hacia adelante y no un punto de quiebre.
Un 17 de octubre de 1956, Fernán Elizardo Benítez abrió en el centro de Asunción el taller que llevaría su apellido. Tenía 28 años, estudiaba Economía y dedicaba sus horas libres al arte que mejor dominaba: el dibujo, y también diagramando anuncios para los periódicos de la época. El punto de inflexión llegó en forma de regalo desde el extranjero: los elementos de una técnica que nadie aplicaba todavía en Paraguay.
Con ella, Estudio Benítez se convirtió en el primer impresor e introductor del sistema serigráfico en el país, y el taller artesanal dio su primer paso hacia la producción en serie. Como primera enseña de la casa, los escudos, banderines y banderas que salían de sus manos llegaron pronto a miles de hogares.
En 1960, los cines de Asunción proyectaban un anuncio que hoy suena a relato de nostalgia: “Yo también colecciono banderines de Estudio Benítez”.
En 1966, junto a quienes eran a la vez sus competidores y sus amigos, fue socio fundador de la Asociación Paraguaya de Agencias de Publicidad (APAP).
Lo que siguió fue una búsqueda constante. Ese mismo año recorrió Europa, el Medio y Lejano Oriente en viaje de estudio y búsqueda de nuevas técnicas y posibilidades de innovación. Viajes que le permitieran entregar a sus clientes un mejor producto. Así, en 1989, ese criterio fue reconocido en Madrid con el Premio Internacional a la Calidad. Setenta años después, la empresa sigue en manos de la familia con tres generaciones, el fundador, su hijo y hoy su nieta, Selene Benítez. Sostuvieron algo que en el mundo de las empresas familiares es la excepción: una continuidad construida con la firme convicción de profesionalización y la voluntad de transformar todo aquello que debía cambiar por encima de cualquier interés personal.
Hoy Estudio Benítez constituye un estandarte de la industria publicitaria. Lo que comenzó sobre una mesa de dibujo hoy es una planta de fabricación que integra cada etapa del trabajo: la idea, el diseño, la producción y la instalación. La serigrafía aún convive con la impresión de gran formato y el corte de precisión. De allí, salen la fachada que identifica a una empresa, el stand que la representa en una feria y la señalética que ordena sus espacios. Cada unidad de trabajo que hoy conforma la empresa, acompaña a las marcas del país desde el primer boceto hasta la pieza instalada.