29 abr. 2026

Esas realidades que necesitamos cambiar

En perspectiva

Hay situaciones que dejan al descubierto que nuestro país sigue marcado por las improvisaciones, las informalidades y la corrupción, y que no existe un nuevo rumbo que perfile ese cambio tan necesario y clamado por la ciudadanía, y que –a propósito– fuera anunciado con particular soberbia por el actual presidente Horacio Cartes durante su campaña electoral.

En los últimos días, enfermos renales se manifestaron por la falta de insumos y medicamentos en el IPS, lo que implica un hecho sumamente grave, no solo por el delicado tratamiento al que son sometidas estas personas, sino también por los sufrimientos que padecen a diario a causa de esta patología. A estos se suman cientos de asegurados, entre ellos cardiacos, cuyas vidas corren peligro al no ingresar al quirófano por este motivo.

Por otro lado, se hizo público que el sistema de robo en los puestos de peaje sigue gozando de “buena salud”, con una evasión mensual que ronda los G. 1.000 millones. Y uno se pregunta cómo pueden darse estos hechos con tanta tecnología de control disponible.

Y a este abanico de realidades que necesitamos cambiar podríamos agregar el avance que registra la distribución y el consumo de crac en los barrios ribereños, como la Chacarita y los bañados de Asunción, destruyendo diariamente la vida de miles de jóvenes. Son comunidades aún pequeñas en donde plantear un sistema de control no debería ser una meta imposible. El problema de fondo, en la mayoría de los casos, está en la complicidad y corrupción que afectan a los organismos encargados del control y represión de los traficantes.

“El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las ha hecho”, decía el escritor estadounidense Wayne W. Dyer. Es decir, no se pueden esperar mejorías mientras no se propongan cambios radicales en la gestión gubernamental, en la forma de hacer política, de manejar un ministerio, de administrar una institución de Salud. Sin embargo, aquí los políticos siguen pidiendo cargos sin concursos; muchos funcionarios robando impunemente, agentes policiales negociando con los traficantes y empresarios evadiendo el salario mínimo y seguro social. “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, afirmaba el papa Juan Pablo II. Una cita clave para entender cuánto necesitamos avanzar y “dejar de hacer las cosas como siempre se han hecho”.