Opinión

Errores

Benjamín Fernández Bogado

En un país que habla un idioma ágrafo, que lee 25 páginas de un libro per cápita al año como término medio, que usa 200 palabras para comunicarse en una lengua española con más de 100 mil, que tenga errores en un libro educativo sería absolutamente natural, pero que lo exhiban con sus responsables es grave.

Los ex ministros de educación fueron invitados a la reedición de un par de libros que fueron usados desde hace 50 años y que contenían un elogio absolutamente innecesario al actual titular quien además convidó al acto al último ministro de educación de Stroessner a quien le decían “ñandejára taxi” (burro) por sus limitaciones y dislates. Para provocar aún más la ira ciudadana incluyó entre los homenajeados a Duarte Frutos, el padre de la moribunda y desastrosa reforma educativa.

La foto de todos ellos juntos es una cruel metáfora de nuestra realidad. Lamentablemente los indicadores actuales demuestran que la promesa de hacer de la educación la bandera de este gobierno acabó al terminar el discurso de campaña. No hay cambios de fondo y ya no se cuidan ni las formas.

Los errores se viene acumulando y nos llevan a presagiar un quinquenio más perdido de lo que hoy sostiene dos tercios de la riqueza mundial. Estamos desnudos ante una realidad que nos sobrepasa y que solo genera frustración y desconcierto entre aquellos que saben el tamaño del problema.

Los que medran de este “negocio” atacan con todo lo que se viene realizando sin la menor autocrítica de lo que ellos hicieron mal o dejaron de hacer cuando tuvieron la oportunidad. Los viejos problemas de infraestructura no se abordaron con rigor y el abandono de nuestras escuelas y colegios en el periodo escolar y vacacional es una muestra clara que la educación no es el sueño de nadie. Los padres están contentos con la pobre educación que reciben sus hijos cuyas oportunidades en democracia se reducen mientras da fuelle a la nostalgia autoritaria.

Los que viajan becados al exterior se encuentran con una frustración al retorno. Los mediocres que controlan el poder no les dan espacio y los “muerden” con fruición apenas quieran ocupar el espacio público. Todos hablan de educación como un mantra pero nadie la ve como compromiso, responsabilidad y derecho ciudadano. Cada año estamos peor.

Si solo fueran errores gramaticales sería un tema menor, pero el rechazo a los protagonistas del fracaso tiene que ver con un malestar más profundo: No sirve para nada estudiar y saber más en el Paraguay. Los niveles de promoción privada y pública están basados en relaciones interpersonales, por eso es tan importante mandar al hijo a una escuela o un colegio pagados ¡para que sus contactos lo ayuden luego a conseguir empleo o casarse! Después no importa.

La universidad pública es aún la mejor entre las peores y además: Es gratis. En un país donde el kindergarten es más caro que el último año de medicina o ingeniería muestra errores conceptuales graves no resueltos mientras la educación se distrae en cosas nimias. Total, el desastre continúa.

Hay demasiados errores conceptuales y escaso pudor cívico. No se entiende lo repudiable del conflicto de interés, y por eso el ex ministro y parlamentario Rafael Filizzola se presenta y gana un concurso en educación mientras dilata su sentencia ante la justicia por otro caso. Son muchos errores acumulados para algo tan grave que viene errando hace mucho: La educación.

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