Me llamo Sol Larissa Franco Franchi, soy de Asunción y tengo 20 años. Actualmente estoy estudiando la carrera de Psicología, la especialidad de Psicología Clínica.
Tuve mi primer acercamiento con el ajedrez porque un amigo de mi hermano, Renato Franco Franchi, llegó una vez al colegio con una medalla que ganó cuando participó en una competencia de ajedrez.
Mi hermano quedó tan impactado con eso, él quería saber cómo se jugaba, qué era. Y él me dijo, vamos Lari. Mi hermano fue mi primera motivación para este deporte.
Una vez que empecé, que estuve ahí, me reenganchó rapidísimo. Sobre todo cuando empecé a competir, era como que le daba una adrenalina más.
Hace 10, 11 años más o menos que empecé en todo lo que es el mundo del ajedrez. Empecé en una academia que formaba parte de la Cooperativa Universitaria.
Estaba estudiando ahí y un año después más o menos, empecé a competir en torneos que eran más para prácticas.
De ahí fui avanzando un poquito más, entré a la academia Élite, que ya tiene otro tipo de preparación para los chicos que quieren competir. Ahí comencé con la competencia en los nacionales y sudamericanos.
Hacía muchas disciplinas deportivas, hubo un momento en el que no podía hacer todo a la vez porque el ajedrez requiere muchísimo estudio, varias horas de entrenamiento. Creo que ese fue el momento en que elegí el ajedrez.
Cuando era niña para mí era un juego más, más por diversión. Al crecer, se volvió algo así como a lo que me empecé a dedicar.
Es un desafío constante. Al perder ya es un poco más frustrante. Muchísimas veces me fui a llorar en el brazo de mi mamá. O sea, mientras vas creciendo más, te frustra un poco porque ya no ves más solamente como un juego.
Es muy difícil de explicarle a la gente la pasión por el ajedrez. Siento que quienes no lo juegan, raras veces entenderán la pasión que tenemos por este deporte.
Si bien competí muchísimo y viajé, jugué, que me fui a varias partes por diferentes torneos, siempre fue todo organizado por mi familia. Así que ellos más que nadie entienden mi pasión por el ajedrez, pero si les tuviera que explicar sería muy extraño porque hasta a veces ellos me dicen: ¿Cómo te puede gustar un deporte que supuestamente es tu deporte?
Vos estudiás para que después en un torneo que jugás, te vaya superbién. Ese es el sentimiento que te da, esa satisfacción que estás buscando en los deportes, porque el ajedrez es un deporte ciencia.
Fui vicecampeona en el Mercosudamericano en el 2014 más o menos. También compartí podio en los torneos nacionales.
A los 15 empecé la enseñanza. Antes yo quería que me vaya muy bien en los torneos, tener ELO alto (sistema para medir nivel de habilidad del ajedrecista), etc.
El último tiempo que yo estuve compitiendo, ya no sentía la misma satisfacción, estaba muy frustrada.
Empecé mi último año de colegio, ya casi universidad, entonces sentí toda esa frustración también. No es que se apagó la pasión por este deporte, sino que era un momento en el que perdía y quería dejar todo. Es como un momento en el que no estaba bien como para competir.
Capaz hoy en día, eso ya no es mi meta, lo de competir. Actualmente me gusta muchísimo enseñar. Cuando mis alumnos se van a un torneo y les va superbién, esa es mi satisfacción actualmente.
Empecé a enseñar en pandemia con un alumno que me consiguió mi mamá. Era un alumnito chiquitito.
A mí me gustaba muchísimo darle clases. De ahí conseguí otra alumnita, que era hermana de uno de los chicos, ya un poquito más grande. El papá les envió para que le enseñe. Así fui descubriendo que me gustaba enseñar.
Luego di clases de ajedrez en la academia donde estoy, en Élite, también estoy enseñando en la escalinata Antequera. También en varios colegios y de manera particular. Entendí que eso era mi vocación.
Tengo varios alumnos que empezaron desde cero. La mayoría son siempre chiquititos cuando empiezan. Al principio no prestan atención, no te miran, juegan con las piezas, hacen cualquier otra cosa.
Con el tiempo ves un cambio. Ya te mira cuando le hablás, hace cosas solo, luego ya no pierde el tiempo.
De a poco ves cómo va formando su carácter. Para mí, ese proceso es mi verdadero orgullo. Demasiado me gusta y me llena de felicidad.
Yo nunca les digo que dejen el celular. El teléfono es una herramienta superimportante también para enseñar y estudiar ajedrez.
Siempre les trato de mostrar a los padres otras cosas que pueden hacer con el celular, que son mucho más útiles. Les muestro siempre las aplicaciones de ajedrez que existen para poder estudiar, para poder jugar, que les ayudan muchísimo a mejorar.
Tengo muchísimos niños que antes de todo era Play, jueguito, celular. Y yo les digo, mira, vas a usar esta aplicación para jugar, jugar tantas horas al día, hacer tantos ejercicios al día. Vienen y me muestran los avances que tienen.
Noto muchísima diferencia entre los niños que juegan ajedrez y los niños que practican otros deportes. Son muy diferentes, tienen una manera muy diferente de ver las cosas, son más calculadores.
El ajedrez mejora la atención, la disciplina sobre todo. Porque para ser ajedrecista hay que tener una disciplina increíble, que los niños no tienen tanto, pero es a largo plazo. Cuando fui adolescente yo ahí agarré esa disciplina.
Cuando fui creciendo me di cuenta que mejoró mi concentración, mi atención, mi manera de calcular, mi resolución. Siempre que tengo un problema, siempre encuentro una solución rápida. Nunca me quedo estancada en ese problema.
Si un niño logra engancharse con el ajedrez, le está dando jaque mate a los vicios, la pereza, el desánimo, es una gran herramienta.
En comparación a cuando yo empecé, veo muy bien la actualidad del ajedrez en el país. Hay una gran cantidad de niños jugando, entre 300 a 400. La pandemia impulsó, porque nosotros no paramos en la cuarentena, jugábamos virtualmente desde la casa.
Uno de mis sueños es poder tener mi propia academia con mi hermano. Él sigue compitiendo y yo no descarto volver algún día.