El señor Carlos Salcedo Centurión, que figura a cargo de la recopilación y los textos del Álbum, ha tratado un poco desprolijamente la vida de Barrios en Paraguay, lo que me permito comentar.
Contraje matrimonio en 1951 con Zunilda Salomoni, hija menor de don Tomás, lo que me permitió interiorizarme de la vida de Barrios y Gloria al escuchar las conversaciones familiares, por ser un tema de permanente afecto, recordando sus anécdotas y las facetas de su temperamento agridulce que lo caracterizaba. Gracias a ellos aprendí a gustar de la música de Barrios y valorar la belleza de sus composiciones sin par en el dominio de la guitarra, y respetarlo como autor, intérprete, poeta y hombre cabal. No tuve el placer de conocerlo personalmente. Hacía ya siete años que había fallecido.
Como podemos observar en las fotografías de Agustín Barrios, hasta el año 1929 llevaba un frondoso bigote. En junio de 1928, La Revista Semanal, de Buenos Aires, publica una fotografía de Barrios sentado en la cama, pulsando la guitarra, y aclara: “En esta fotografía ya se puede apreciar la cirugía plástica a la que se sometió para afinar sus labios”.
Agustín Barrios tenía labio leporino, una malformación congénita que él trataba de disimular bajo un espeso bigote, y al decidir operarse en Buenos Aires, se hizo también adelgazar los labios. La cirugía resultó un éxito estético, pero le afectó un nervio, y como secuela le quedó un tick nervioso que le hacía guiñar el ojo izquierdo, y esto lo irritaba sobremanera.
Entre 1929 y 1932 no aparece ninguna fotografía de nuestro eximio guitarrista; luego, a partir de 1933, observamos gran profusión de fotos, ya sin bigotes, con sus labios perfectamente delineados, sin rastros de operación, y que mejoraron notablemente su aspecto.
El Álbum nos cuenta, en la página 100, que el embajador paraguayo en México, don Tomás Salomoni, “era de religión judía"; y posteriormente, en la página 103, se refiere a “la familia judía que lo acompañaba”. Ambas afirmaciones son falsas de toda falsedad.
Don Tomás A. Salomoni era de ascendencia italiana, hijo de padres católicos, y su esposa, doña Luisa Lebrón, era andaluza y católica de origen, aunque posteriormente abrazó la Teosofía de la Doctrina Secreta de Madame Blavasky, basada en antiguas creencias religiosas hindúes.
Tildar a don Tomás Salomoni y familia de judíos no implica ninguna afrenta, pero sí una falsa aseveración, que debe ser corregida. Ninguna persona, cualquiera sea el país de la cuenca del Mediterráneo donde haya nacido, y en especial España, puede garantizar que por sus venas no corra alguna gota de sangre judía; pero, de allí a mencionar “que era de religión judía o familia judía”, como taxativamente lo especifica el señor Carlos Salcedo Centurión, es una información sin fundamento.
Confirmo que en 1934 el embajador Salomoni le obsequió la guitarra Morant de concierto, fabricada por José María Dura Argente, de Valencia, España. Es incorrecto lo expresado en el Álbum, de que dicha guitarra “pudo haber sido obsequiada por la reina María Eugenia, de España”. Basta cotejar fechas para comprobar el aserto.
Al recibir la guitarra Morant, en retribución Mangoré obsequió a la embajadora Luisa su guitarra Sanfeliú, que se mantuvo en poder de la familia hasta su fallecimiento. Posteriormente, uno de los hijos, el ingeniero Tomás R. Salomoni la donó para destinarla al Museo de Mangoré, en la persona de Serafín Francia Campos, en ese entonces Director de Difusión Cultural de Educación.
Es de lamentar la falta de información de que adolece el Álbum sobre la vida de Agustín y Gloria Barrios, durante el período transcurrido a lo largo de su estadía en México, La Habana, Bruselas, Berlín y las travesías en barco, acompañando al embajador Salomoni y familia, tan rico en anécdotas y vivencias que revelaban el temperamento fluctuante de Barrios.
El álbum, editado por el Centro Cultural de la República El Cabildo, tiene sobrados méritos, pero también algunas imprecisiones, según el autor de esta nota.
Lorenzo Juan Carlos Joy
jcjoy@rieder.net.py