El Instituto Nacional de Estadística (INE) divulgó el viernes pasado su Boletín Trimestral de Empleo al tercer trimestre de 2026. Si bien las cifras parecen alentadoras, porque crece la cantidad de personas ocupadas no agropecuarias (formales de 1.147.932 a 1.240.098) también aumentó la informalidad en este sector (pasando de 1.610.466 a 1.635.622) en una comparación con el mismo periodo del año pasado.
Según la institución, los ocupados en el tercer trimestre del 2026 fueron “alrededor de 3.290.206 personas, 70,0% de la población de 15 y más años de edad”. “En comparación con el mismo periodo del año anterior, a nivel nacional la tasa de ocupación registró una leve diferencia positiva 0,6 puntos porcentuales, pues pasó de 69,4% a 70,0%. En términos absolutos representó un aumento de aproximadamente 66.149 personas ocupadas”, resaltó la entidad.
No obstante, los datos reflejan una subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo que debería preocupar. Este dato refleja a las personas ocupadas que trabajan menos de 30 horas semanales en total, pero quieren trabajar más horas y están disponibles. La tasa de subocupación fue del 4,2% de la fuerza de trabajo, lo que representa a 143.181 personas ocupadas aproximadamente.
El valor es más desalentador al mirar la subutilización de la fuerza de trabajo, que combina la población desocupada (141.250 personas) con la subocupada (143.181 personas), afectando a 284.431 personas. Este número representa una tasa combinada del 8,3% (aunque sea una leve diferencia negativa de 0,6 puntos porcentuales, considerando el mismo periodo de 2025, cuando fue de 8,9%).
El malestar por no trabajar o porque el trabajo no alcanza afecta prácticamente a una de cada diez personas que pueden desempeñar alguna actividad laboral. Y no es lo mismo trabajar que ocuparse o estar empleado. Podemos estar trabajando, pero no recibir remuneración, como las personas que tienen que cuidar de familiares enfermos o de niños, en la casa. El trabajo doméstico no siempre se paga y la bonificación familiar cubre muy poco.
Conozco a demasiadas personas que están teniendo que apelar a más de un empleo u ocupación para llegar a fin de mes porque la comida es cara, porque la salud pública no alcanza y atenderse es costoso (prohibitivo y comercial); porque la seguridad es espantosa y se endeudan o bicicletean para contar con movilidad propia. También la educación que parece empeorar en todos los niveles, y por eso los padres intentando todo lo que pueden para ofrecer algo más a sus hijos.
Mientras están los otros que quieren hacer algo más, pero se quedan esperando. Porque las condiciones laborales tantas veces no justifican el estrés por la poca o miserable paga, o los largos viajes para llegar a destino, o el hacinamiento en el transporte público cada vez más calamitoso. Así cuesta demasiado trabajar, y el Estado paquidérmico que se rasca o hace vito con la plata pública con honrosas excepciones (valga la aclaración para aquellos que hacen que este sistema siga funcionando algo).
Este año se estableció el aumento del 5% del salario mínimo, pero hay que recordar que ese incremento no llegó a todos, y la pérdida del poder adquisitivo se siente cada día que pasa. No hay reglas muy claras o beneficiosas para el trabajador en relación con sus reajustes cuando no cobra el salario mínimo. Se convierte en una negociación entre empleado y empleador, donde la empresa juega el papel preponderante.
Siento un ambiente de desazón generalizada a mi alrededor en lo laboral (aunque no todo es malo). Pareciera que el barco va porque el viento sopla. La precarización ataca fuertemente en medio del debate sobre los impactos de la inteligencia artificial en tantas profesiones. Hay sindicatos (especialmente privados) que ya no tienen la fuerza de antes, y lo sufre la mayoría.
También vale la pena aclarar que en ocasiones donde se ve involucrada una familia solamente uno trabaja porque el otro tiene que quedarse en la casa (por elección o necesidad) y entonces el ingreso se resiente. Sin embargo, este tipo de factores no los tiene en cuenta la administración tributaria con las fauces abiertas ante cualquier posibilidad de recaudar del que menos tiene (como el injusto impuesto al valor agregado), o el impuesto a la renta personal (que aunque los gastos equiparen a los ingresos es una erogación y quebranto estar buscando a profesionales que cumplan con la burocracia). Pero bueno, feliz semana.