19 may. 2026

El tero tero siempre salva

Por Susana Oviedo
soviedo@uhora.com.py
Para los medios de comunicación se desató un conflicto. Para el presidente de la República, la situación no pudo haber resultado mejor: lanzó la carnada y todos se prendieron a ella. Una fructífera faena. Desempolvó un tema que, cuando asumió cuatro años atrás, duró casi dos semanas y mantuvo atenta la atención ciudadana: fue aquel prefabricado conflicto con la Iglesia Católica, institución que supuestamente no lo tenía como santo de su devoción porque ya entonces él, Nicanor, había comenzado a cambiar de templo.
La semana pasada, el jefe de Estado precisaba instalar un tema suficientemente sensible para opacar de la agenda de los medios otro hecho muy importante: cerraba cuatro años de gestión. Y, habiendo más sombras que luces, además de justificados e interminables argumentos para quedar malparado como gobernante, qué mejor que lanzar ataques focalizados hacia figuras de una de las dos instituciones mejor situadas en cuanto a credibilidad: la Iglesia; y ataques generales contra la otra, la prensa.
El presidente echó mano a lo que folclóricamente se conoce como la política del tero tero. El tero (tetéu) es un ave que para asegurar la supervivencia de sus pichones, mientras la hembra pone sus huevos tranquilamente en un nido y los cuida, el macho se instala en otro más alejado y emite sus sonidos característicos, distrayendo así a sus depredadores.
El presidente puso en marcha una operación de distracción, en un momento en que le urgía desviar la atención de la opinión pública. Se tomó de dos hechos para hacerlo: una homilía de monseñor Claudio Giménez en Caacupé, en la que, entre otros puntos, el obispo llamó la atención sobre lo llamativo y recurrente que resulta la perpetración en tiempos electorales de millonarios asaltos. El obispo simplemente se hacía eco de la enorme sospecha, destacada por los medios, que resurgió tras el asalto ocurrido en el aeropuerto Silvio Pettirossi.
El otro hecho fue que, en ocasión de un acto proselitista en Limpio, en domingo y con Nicanor, un considerable grupo de pobladores que participaban de la misa presidida por el padre Rafael Tanasio, salió a manifestarse contra el Gobierno por las calles de esta ciudad. Ambos sucesos constituyeron las excusas de las que se sirvió el Tendota para disparar los ataques que dirigió y dirige hacia blancos de la Iglesia Católica. Dosificando “pecados”, comenzó con el padre José A. Rubio y Fernando Lugo; después viró hacia monseñor Mario Melanio Medina y el padre Rafael Tanasio; y, en general, provocó a la jerarquía católica.
Además de conseguir que los medios se prendieran a su juego, también logró que el 90% de los mismos dejaran pasar la oportunidad de demostrar si cumplió por lo menos con aquellas famosas 60 soluciones que había blandido para rescatar al Paraguay de todas sus miserias. Pasó de largo el momento del balance, del escrutinio periodístico profundo a la administración de alguien que prometió una revolución moral, reorientar el gasto público y reactivar el aparato productivo.
Pero no solo esto consiguió el presidente. También logró que algunos obispos se metieran en el juego que él sabe jugar. Miembros de la jerarquía eclesiástica –que más que nunca se empeñó en mantenerse equidistante de los entuertos electorales–, no pudieron resistir las insolencias presidenciales y respondieron a las provocaciones. Nicanor se consagró como fabricante de conflictos, se libró del examen final y encima consiguió que miembros de la jerarquía católica se metan en el barro.