Opinión

El placer de la lectura

 Una de las mejores actividades que existen en la vida es leer por placer. Pero en un país donde la tasa de analfabetismo y analfabetismo funcional es muy elevada, el desafío es muy grande.

Wendy MartonPor Wendy Marton

Según una publicación de Última Hora, con datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el índice de analfabetismo se mantiene alrededor del 5% en toda la población, lo que implica que 279.000 personas de 15 años o más no saben leer ni escribir.

Los datos revelaban también que el 56,4% de quienes no leen ni escriben son mujeres, y que si se tiene en cuenta a la zona geográfica, el 60,6% proviene del sector rural.

¿Cómo se puede lograr una mayor inversión en la lectura en un país guaraní hablante en su mayoría, pero con predominancia del idioma español en la escritura?

El desafío para el Ministerio de Educación es lograr primero que los maestros conozcan algo de literatura e incentiven la lectura a sus alumnos. Los responsables de formar a los educadores necesitan para ello una base muy sólida y un vasto conocimiento literario.

En la mayoría de las escuelas y colegios desconocen a autores que puedan llegar a los educandos y tampoco se buscan opciones para atrapar a lectores.

Una de las alternativas es buscar libros con los cuales niños y jóvenes puedan identificarse, que traten problemáticas actuales, como la drogadicción, acoso escolar, abandono o abuso sexual, pero contado desde la literatura.

O también pueden recomendarse novelas de humor, que les permita –por un rato– olvidar sus problemas cotidianos.

Otra alternativa es incentivar la lectura a través de los cómics. Hay variadas ofertas, tanto nacionales como extranjeras, que los harán sumergir en un mundo diferente a través de relatos dibujados.

Otro problema que impide a los niños y jóvenes acceder a materiales de lectura es la falta de materiales, ya sea por el costo o debido a la dificultad de remitirlos a lugares alejados de la capital del país.

Una opción a la cual podrían acceder las entidades educativas del interior, principalmente, es solicitar la colaboración de representaciones diplomáticas extranjeras, obsequiando libros de sus países.

También podría analizarse la posibilidad de que a través de programas como Tekoporã u otros de asistencia a familias en situación de pobreza se incluya la entrega semestral o anual de libros.

Apostar a las bibliotecas móviles es otra opción que podría ayudar a niños y jóvenes a acceder a ejemplares, de manera gratuita.

También se pueden difundir textos a través de formatos electrónicos, lo cual permitiría el acceso a través de teléfonos celulares. La oferta de escritores y de opciones de difusión de la cultura es hoy tan variada, que es inentendible cómo aún no se registran avances para lograr la difusión de la lectura.

Permitir a niños y jóvenes acceder a libros que les ayude a desarrollar su imaginación, recorriendo mundos extraños, aprendiendo lenguas inventadas, paseando en máquinas futuristas, amigándose con animales increíbles o con personajes con los que puedan identificarse es un paso que debe ser dado desde el Estado, también como una contribución a la salud mental de la población.

Fomentar la lectura por placer debería ser parte de los programas de gobierno.

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