Para mí, la figura de la semana, no fue, naturalmente, el presidente Lugo, y sus cachorros; ni los parlamentarios, ni los políticos. La figura fue una funcionaria normal del Gobierno que tiene vocación de servir a la gente, y no de servirse de la gente, y mamar del Estado, como un hijo bobo. ¿Su nombre? Zulma Sosa. ¿Cargo? Jefa de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC). Zulma Sosa sabía que fallaban los estudios que hacíamos para encontrar a los pobres y muy pobres en nuestro país, y meterlos en el banco de datos.
Para así protegerlos y ayudarlos a vivir mejor, con políticas sociales públicas -aquellas que duran mucho más que un gobierno y que en países serios, como Chile, tienen una marcha continua, porque responden a los intereses nacionales sagrados, que nunca son asesinados por la competencia partidaria electoral, legítima en una democracia. Políticas de Estado para cuidar lo social que siempre tiene un fuerte contenido asistencialista en su primera etapa, pero que no se agota en el simplemente “dar” sin recibir nada a cambio. Todo lo contrario, se le exige al beneficiario de un programa social su corresponsabilidad.
Y Zulma Sosa decidió cambiar el método para medirlos. Buscó a los mejores expertos del mundo. Que estuvieron de acuerdo en que no se copiaban bien la pobreza y la miseria paraguayas, especialmente en el campo. Y Zulma Sosa no tuvo miedo en decirnos que estábamos peor y no lo sabíamos. Tenemos más pobres de lo que calculábamos. Es grave. Los datos para el 2008 señalan que un 38% de la población vive en la pobreza general. Dos millones 300 mil habitantes. De ese total un 19% de la gente sobrevive en la miseria: casi un millón doscientos mil ¿personas? ¿humanos? ¿animales? ¿Qué es ese alguien que casi no come, no se educa y no se vacuna? ¡Dígamelo usted por favor, estimado lector! Sólo sé que resiste, aguanta. Figuran, son figuras, pero no existen ni viven realmente. Porque vivir es “honrar la vida”. En la postergación y en la humillación no hay vida.
Por eso para atenderlos bien a pobres y a pobres muy pobres, por favor apoyemos el programa Tekoporã de la Secretaría de Acción Social, SAS, de la Presidencia de la República. No destruyamos su presupuesto 2010. Hay que combatir el hambre como en Chile, Uruguay y Brasil, sin olvidar los también buenos ejemplos de Colombia y México. Que aún con gran desigualdad social, lo hicieron, sin enfrentamientos, sin lucha de clases. Las gobernaciones, las municipalidades, las cooperativas, pueden ayudar. Y los partidos vigilar, pero no meterse directamente. La politiquería, la seccional, el comité, ¡fuera! ¡Fuera los correligionarios y compañeros!
Lean por favor lo que me escribió un paragua entendido en la materia: “Apreciado Pablo. Lo último que hicimos fue un perfil con una muestra de 30.000 familias beneficiarias del programa Tekoporã. Lo que encontramos nos causó un profundo dolor como paraguayos. Imagínate que más del 70% de los beneficiarios no tienen heladeras (no entiendo cómo conservan los alimentos con el calor tan fuerte de nuestro país), solo el 1% accede a una pieza especial y con ducha eléctrica para higienizarse, la mayoría solo tienen piso de tierra y un gran porcentaje vive en condiciones de hacinamiento, y en otras condiciones que nos muestran qué atrasados estamos (...) Nosotros hemos visitado a escuelas de varios distritos de San Pedro y habíamos visto que la mayoría no tenían zapatos, luego fuimos en una segunda etapa y vimos que la mayoría había comprado sus calzados (chinos, pero calzados al fin) por el efecto de Tekoporã. Apreciado Pablo, estoy seguro de que hay errores en la entrega, que hay errores de inclusión y errores de exclusión, pero al ver este panorama tan desolador creo que se justifica plenamente un programa como este y además si la experiencia muestra que aumentan la escolaridad y las consultas en salud, con más razón. Al no tener en Paraguay el impuesto a la renta personal, es mi opinión que un mecanismo de redistribución es este, pues con menos del 2% del presupuesto público se puede llegar al 50% de la población en pobreza extrema; por otro lado, los montos que se entregan son mínimos y por ello es muy difícil que reduzca la oferta laboral de los padres de familias beneficiadas”.
Nadie discute que hay miseria en Paraguay, pero también hay miserables. Gente que en medio de nuestra espantosa pobreza muestra sin vergüenza que tiene mucha carne para comer, algo de cerebro (para la viveza tránsfuga) y nada de alma. Nosotros tenemos al campeón mundial de la caradurez, uno de los mayores vicios de sangre y hueso de los paraguayos. Mi amigo: Calé Galaverna. Rico en miserias humanas y un espejo en el que mirarnos para no copiarlo nunca jamás.
Más pan y menos circo necesita este país. Un pan para todos es más rico. Uno para pocos es amargo. La libertad de Fidel es la nuestra. En esta causa nacional es de cobardes no poner al país en primer lugar. Tu casa es mi casa, Fidel. Y mientras no regreses ¡todos estamos secuestrados! Duele decirlo, pero hay que decirlo.