Editorial

El Gobierno se hace cómplice de la corrupción, al ignorarla

El informe de gestión que presentó el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, ante el Congreso Nacional, pareció más un capítulo de la clásica novela Alicia en el país de las maravillas que un retrato de lo que sucede en el Paraguay. Además de ser impreciso y hasta falsear algunos datos sobre educación y otras áreas de su administración, ignoró completamente los diversos hechos de corrupción en que se vieron involucradas algunas autoridades de su equipo durante la cuarentena establecida ante la pandemia del coronavirus. Al no hacer autocrítica y no reconocer el principal cáncer que corroe a la administración pública y a la clase política gobernante, el Gobierno se hace cómplice de la corrupción.

Un país en donde casi no existe crisis educativa, en donde la salud pública está funcionando bien y prácticamente no existe corrupción es el que el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, describió en el informe de su segundo año de gestión ante el Congreso Nacional.

Por momentos fue difícil reconocer que el país al que se refería el jefe de Estado era el Paraguay real, ya que la narración se parecía más a un capítulo de la novela fantástica Alicia en el país de las maravillas, publicada por el autor británico Lewis Carrol en 1865.

También fue inevitable asociarlo al clásico discurso de referentes de la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-1989), como la famosa expresión del dirigente oficialista Sotero Ledesma: “¡Vivimos en un país divino!”, ignorando los casos de represión, tortura, exilio y asesinatos que se cometían.

En su exposición, con nula autocrítica, sin ahondar en la crisis que sufre la educación y la debacle económica con miles de desempleados por la pandemia, Abdo Benítez ignoró los casos de corrupción que salpican su administración y solo atinó a pedir oración para combatirla.

No mencionó el escándalo de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac), en donde su entonces presidente, Édgar Melgarejo, referente político del movimiento Colorado Añetete, liderado por Abdo Benítez, fue forzado a renunciar y acabó imputado por lesión de confianza, tras detectarse que había adquirido por vía de la excepción mascarillas a precios inflados, revendidas seis veces en menos de 48 horas, por un esquema de “empresas de maletín” para hacer negociados con el Estado.

Tampoco se refirió al escándalo en Petróleos Paraguayos SA (Petropar), donde su entonces presidenta, Patricia Samudio, también se vio obligada a renunciar y acabó imputada por lesión de confianza, tras comprobarse la compra por vía de la excepción a elevados precios de varios lotes de mascarillas, insumos médicos y productos para combatir el Covid-19, incluyendo 5.000 botellas de agua tónica, porque supuestamente daba inmunidad contra el coronavirus.

Tampoco habló del caso detectado en esferas del Ministerio de Salud, con la frustrada compra de insumos y equipos médicos a las empresas Eurotec SA e Insumos Médicos SA, por 85 mil millones de guaraníes, que tuvo que ser anulada tras comprobarse que los equipos no cumplen los requisitos técnicos y que al parecer las compras fueron previamente direccionadas para favorecer a amigos del Gobierno.

A pesar de autoelogiarse en la gestión contra el Covid-19, el presidente reconoció que el Ministerio de Salud solo ejecutó 4% del monto asignado para equipar los hospitales. Es decir, a más de cien días de cuarentena, no se ha cumplido ni mínimamente el objetivo de mejorar la infraestructura de salud pública para enfrentar una posible expansión del coronavirus.

Al no hacer autocrítica y no reconocer el principal cáncer que corroe a la administración pública y a la clase política gobernante, el Gobierno se hace cómplice de la corrupción.

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