La XIII Semana de la Moda de la capital fluminense estuvo marcada este año por la ausencia de la firma Colcci y, consecuentemente, de la “top-model” internacional brasileña Gisele Bündchen, hecho que no desmejoró el evento que “no fue creado para tener a Bündchen”, aseguró una de las principales organizadoras del evento desde su primera edición en 1992, Eloysa Simao.
La inspiración de los diseñadores fue desde la estética barroca de Víctor Dzenk, quien estampó angelotes y fresnos en sus vaporosos vestidos, hasta la alta tecnología del desfile de corte futurista de la firma Redley. EFE | Ampliar imagen
Además, en la Fashion Business, la bolsa de moda paralela al evento, el volumen de negocios ascendió a 470 millones de reales, cifra que según Simao hace “incuestionable” la importancia de este sector, el de la confección con estilo, en el desarrollo del país.
Ecléctica y llamativa, con oposición entre las prendas voluminosas y las ajustadas al cuerpo, con colores desde los pasteles hasta los fucsias, rojos y naranjas, así se resumiría esta edición de la Fashion Río, que mostró las tendencias para la próxima primavera verano 2008-2009.
Los desfiles de este año, cuyo lema fue “Repensar, renovar, reciclar”, se centraron en la unión de moda y conservación ambiental como invitación a la reflexión sobre el reciclaje y la búsqueda de nuevas fuentes de inspiración.
Un lago de 3.000 litros de agua, tupidos arbustos, decenas de barras fluorescentes rojas, coloridos versos y grandes cajas fueron algunos de los decorados más espectaculares de esta edición en la que, además de las propias colecciones, la puesta de escena y la escenografía tuvieron un papel muy relevante.
La inspiración de los diseñadores fue desde la estética barroca de Víctor Dzenk, quien estampó angelotes y fresnos en sus vaporosos vestidos, hasta la alta tecnología del desfile de corte futurista de la firma Redley.
La firma Apoena, que propone que la moda sea un instrumento de promoción de las mujeres más desfavorecidas, dando trabajo a las habitantes de las favelas de Brasilia para que estas puedan criar a a sus hijos con sus costuras, creó sobre la pasarela un jardín lleno de estampados con mariposas, flores y colores psicodélicos.
Otras de las propuestas más interesantes de la “Fashion Río” fueron las de nuevos diseñadores, como Thais Losso, quien con una colección colorida, sensual y alegre, pudo destacar la “latinidad brasileña”, en contraposición a la tradicional idea de que Brasil tiene más que ver con Portugal que con sus vecinos del continente.
Asimismo, Losso pretendió con su colección reflexionar también sobre “lo que es bonito”, “lo que no” y sobre “quién marca esos criterios”.
Sobre la pasarela hubo tiempo también para performances como la propuesta de Rita Wainer, quien con un espectáculo conceptual, cíclico y de larga duración pretendía “liberar al espectador de las ataduras del tiempo” para que cada uno asistiera a su muestra en el momento que creyera oportuno.
En las ropas de su colección destacaron los bordados, los volúmenes exagerados y los tejidos que llegaron directamente de Costa de Marfil, en África.
La colección, que la joven diseñadora Luana Jardim creó como trabajo de estudios finales de carrera, tenía como materias primas principales el hierro, el acero inoxidable, el polvo de pirita y los tejidos acolchados.
La colección de Filhas da Gaia, a su vez, brilló especialmente por el contraste entre las clásicas rosas y las flores exóticas genéticamente modificadas que inundaron su ropa y con el que pretendían dar un toque transgresor y vanguardista.
La plaza central del evento carioca transformó viejos contenedores de plástico en salas de exposición de las más rompedoras propuestas de la moda carioca como la ropa literalmente reciclable de la firma K2K y que está realizada con Tyvek, un material de textura muy similar al papel.
Con un presupuesto de 8 millones de reales (unos 4,90 millones de dólares), la Semana de la Moda de Río de Janeiro mostró más de 50 colecciones de diseñadores de todo Brasil.