El escándalo desatado este mes en Argentina por un dominó de arrepentidos y detenidos por corrupción en torno a la obra pública durante los gobiernos kirchneristas afecta negativamente la economía, aunque está lejos de ser el factor excluyente que explica el mal momento que atraviesa el país.
El inédito caso judicial, que estalló el 1 de agosto por la revelación de unos cuadernos con anotaciones sobre los supuestos pagos indebidos, involucra no solo a ex funcionarios de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, sino además a una veintena de empresarios de la construcción. El escándalo encontró a la economía argentina mal parada, con caídas en la actividad económica, alta inflación y una fuerte devaluación del peso que ya en junio obligó al Gobierno de Mauricio Macri a solicitar asistencia financiera al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Sumadas a los efectos de la crisis turca, las revelaciones del caso judicial añadieron tensión a los mercados, en particular el bursátil, con desplomes en las acciones de algunas de las empresas implicadas en la trama y caídas generalizadas en los activos argentinos.
“Estamos viviendo una dramática pérdida de rentabilidad en las compañías. Cuando el mercado ve que en la economía va a haber menos rentabilidad, los inversores venden”, apuntó el analista económico Salvador Di Stefano.
El fenómeno afecta a la conducción y la reputación de las empresas de infraestructuras implicadas, lo que podría derivar en problemas de liquidez. También afecta a los bancos que financian a compañías ligadas a la obra pública. Finalmente, el escándalo pone en duda los ambiciosos planes de desarrollo de infraestructuras mediante inversión público-privada impulsados por el Gobierno de Macri, que ha asegurado que seguirán adelante. efe