Como en muy pocas oportunidades un desacierto tuvo repercusiones tan nefastas.
A dos minutos de haber comenzado el partido se concedió un penal, la expulsión del arquero Bobadilla y la posterior concreción del gol por parte del seleccionado mexicano. Demasiadas ventajas en un partido sin retorno. Es decir, definitorio para clasificar a una siguiente ronda.
Esta circunstancia desnaturalizó totalmente la esencia misma del partido. Conoció de un efecto multiplicador negativo para la propuesta de la selección nacional.
LECTURA INCORRECTA. Ante esta situación absolutamente atípica como consecuencia de un imponderable ameritaba una corrección inmediata del técnico Gerardo Martino. Dio un primer paso cuando sacrificó a Santana para que Joel Zayas ingrese al arco. Pero le faltó un segundo paso o tomar una determinación que contemplara el contexto general. Dimensionar lo que podría generar la nueva realidad.
Perdidoso por un gol y con un hombre menos ante un equipo que maneja un amplio concepto del juego asociado. Los cinco goles posteriores hablan con elocuencia. El segundo paso debió consistir en un replanteo de la figura táctica.
Por ejemplo, fue temerario seguir jugando con línea de tres en el fondo en inferioridad numérica. Y, si aún con un hombre menos se continuaba con la intención de tener presencia ofensiva, debió tener el coraje de cambiar a Julio César Cáceres, de notable gestión ante Argentina, pero errático en esta ocasión. Además, quedó afectado emocionalmente por el error que cometió.
Cabañas debió suplirlo y formar una línea de cuatro en el fondo con Bonet, Verón, Da Silva y Morel Rodríguez.
El mediocampo con Édgar Barreto, Cristian Riveros y Salvador Cabañas. Arriba los mismos de siempre, Santa Cruz y Cardozo. Podemos discrepar en cuanto a los nombres, pero donde debemos coincidir todos es que no se podía continuar con la misma distribución táctica como cuando comenzó el partido.
Se brindaron tantos espacios que ante un rival de juego asociado, como México, resulta un verdadero suicidio futbolístico. Los goles sucesivos que llegaron hasta seis constituyen un parámetro más que válido.
Si debemos limitarnos al análisis estrictamente táctico, esta Copa América debe significar para el “Tata” Martino un estupendo laboratorio para sacar valiosas conclusiones de cara a las eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica. ¿Amerita seguir con línea de tres en el fondo? ¿No habrá flexibilidad ante determinados rivales? La reflexión se impone. Un sinceramiento también.