15 jul 2026

El cura napolitano que le planta cara a la Camorra italiana

Roma, 30 nov (EFE).- Tras sus gafas se esconde una mirada apacible, pacífica, pero también se entrevé la chispa de una persona luchadora y si se amplia el retrato, se asoman unas pocas canas, una característica camisa azul y un alzacuellos, se trata del padre Maurizio Patriciello, el denominado “cura anti-Camorra”.

Fotografía facilitada por él mismo del padre Maurizio Patriciello, el denominado "cura anti-Camorra", de 58 años, que se ha erigido, casi involuntariamente, como líder de la lucha contra la "ecomafia" y por la salubridad de Caivano, una de las localidades

Fotografía facilitada por él mismo del padre Maurizio Patriciello, el denominado “cura anti-Camorra”, de 58 años, que se ha erigido, casi involuntariamente, como líder de la lucha contra la “ecomafia” y por la salubridad de Caivano, una de las localidades

Patriciello, de 58 años, se ha erigido, casi involuntariamente, como líder de la lucha contra la “ecomafia” y por la salubridad de Caivano, una de las localidades agrícolas de la provincia de Nápoles que forma parte del “triángulo de la muerte” debido a la ingente cantidad de residuos contaminantes que se ocultan bajo sus tierras.

Sin embargo, él niega con humildad su más que reconocido papel a la hora de movilizar a los feligreses: “No existe el cura anti-Camorra”, nombre de la mafia napolitana.

“Todo sacerdote no puede ser otra cosa que anti-Camorra porque la Camorra es la negación total del Evangelio”, afirma Patriciello en una entrevista con Efe.

Cinco años antes de que estallara oficialmente la crisis de los residuos en la región de Campania (1994) y recién ordenado sacerdote, el padre Patriciello llegó a la parroquia del barrio de Parco Verde en Caivano, un barrio construido tras el terremoto de 1980 y, según sus propias palabras, “difícil, pobre y problemático”.

Por tanto, el padre Patriciello siempre ha estado al lado de los que más sufren, desde que llegó a Parco Verde hasta el día de hoy en que es párroco de San Pablo Apóstol, principal iglesia de Caivano.

“No me he considerado jamás un luchador contra la mafia sino sólo un predicador del Evangelio en toda su integridad. El sacerdote debe ser simplemente el que anuncia y sigue la palabra del Evangelio y es lo que yo hago”, afirma.

El manejo y procesamiento de residuos es un gran negocio, y en un país como Italia allí donde hay negocio siempre está la mafia dispuesta a echar una mano.

La denominada “eco-mafia” ha enterrado bajo los campos de cultivo de frutas y hortalizas toneladas de residuos industriales y tóxicos, la mayor parte procedentes del norte de Italia aunque también de otras partes de Europa.

Según el periodista italiano Roberto Saviano, con los residuos acumulados en la provincia de Nápoles se podría alzar una montaña de unos 15.600 metros de altitud con tres hectáreas de base -el pico más alto del mundo, el Everest, alcanza los 8.848 metros-.

“Mi parroquia se encuentra en medio de la llamada ‘Tierra de Fuego’ -término que se dio a la zona por la quema de basura en ella-, pero no me gusta este término porque el fuego no lo he visto nunca. Más bien sería ‘tierra de humo y de sustancias tóxicas’, porque los incendios sólo emiten humo negro, tóxico, denso y maloliente, acre, mortal”, se lamenta Patriciello.

La suya es una lucha contra el silencio que ha reinado desde los años 90 en toda la Campania, una región predominantemente agrícola que se convirtió en uno de los grandes vertederos de Europa ante la inactividad, y en muchos casos la complacencia, de las autoridades.

El párroco escribe a miembros del Gobierno italiano y otras personalidades, lidera las recogidas de firmas y las manifestaciones del pueblo de Caivano, en donde existe una mortalidad por enfermedades relacionadas con la contaminación (tumores, respiratorias...) un 47 % más alta que en el resto de Italia.

Tragedia para la salud y también para la economía de las familias, pues se ha convertido en habitual que los cultivos de sus tierras sean requisados por las autoridades al estar contaminados.

“Hay veneno porque los miles de toneladas de residuos industriales enterrados en nuestros campos son reales y es precisamente su veneno el que está condenando a muerte a un pueblo”, denuncia Patriciello.

La última manifestación reunió a 60.000 personas que portaban mensajes y fotografías de sus seres queridos fallecidos por cáncer y otras enfermedades, el padre Patriciello afirmó que seguirán manifestándose y luchando hasta que “a quien le corresponda, haga su trabajo”.

Marian Rosado

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