Para cualquier persona que ocupa un puesto -relevante o no- en el sector público, sea por nombramiento o por elección en las urnas, la honestidad tendría que haber sido su principal norma de conducta.
Está sobradamente constatado, sin embargo, que algunos -no todos- traicionan la confianza depositada en ellos y utilizan su poder para obtener ganancias por medios ilícitos. Su ubicación privilegiada les permite obtener favores al margen de la ley y de la ética.
El ámbito en el que más notoriedad pública adquiere la corrupción es el judicial. Las cámaras ocultas con frecuencia sorprenden a fiscales y jueces que -directamente o por interpósitas personas- venden sus decisiones. Y aun así, los que también tienen como práctica habitual hacer lo mismo para obtener ingresos de forma irregular no aprenden la lección.
En lo que atañe a fondos que manejan los funcionarios públicos, por ejemplo, en concepto de viáticos, lo usual es que no devuelvan aunque les haya sobrado. Es más: inventan comprobantes para cumplir con las formalidades y quedarse con lo no gastado.
Es parte del mismo esquema cuando un administrador gasta a toda prisa a fin de año el dinero que iba a quedar como remanente, porque, de no hacerlo, debe ser devuelto al Ministerio de Hacienda.
Dentro de idéntico capítulo de la deshonestidad, los fondos asignados a gastos reservados constituyen un precioso botín para aquellos en cuyas manos caen. Ya que es un cheque en blanco que se les otorga sin la obligación de rendir cuentas a nadie, lo más seguro es que sean utilizados discrecionalmente incluso para rubros superfluos o completamente ajenos a las tareas desempeñadas.
En un país de valores trastrocados donde lo anormal es lo normal y viceversa aparece el gesto del Dr. Benítez Riera al término de sus funciones como presidente de la Corte Suprema de Justicia. La devolución de 1.100 millones de guaraníes destinados a gastos reservados en el ejercicio fiscal 2011 y enero de 2012 que hace al Ministerio de Hacienda no debería ser nada del otro mundo. Atendiendo al contexto paraguayo, sí es sumamente significativo. Es una evidencia de su respeto a la cosa pública.
En el Paraguay, desafortunadamente, en el sector público no hay conciencia de que los fondos del Estado deben ser manejados con honestidad y transparencia.
El gesto del ministro Benítez Riera es un llamado a viva voz a los funcionarios judiciales sin escrúpulos y venales. El mensaje es que sean honestos y no ladrones de cuello blanco que se enriquecen con la desgracia de los que caen en su jurisdicción.
Es también un desafío a su sucesor, el Dr. Víctor Núñez. La opinión pública estará atenta dentro de un año para ver cuánto devuelve al fisco al término del ejercicio de la presidencia de la Corte Suprema.