25 may. 2026

El claro mensaje del ministro Luis María Benítez Riera

En un país donde el funcionario público carece -salvo esporádicas y poco menos que inencontrables excepciones- de la conciencia de que el dinero público tiene que ser utilizado con honestidad y que, de no ser destinado a los fines previstos, debe ser restituido a las arcas del Estado, el gesto del presidente saliente de la Corte Suprema de Justicia, Luis María Benítez Riera, es digno de destaque. Su actitud es un desafío para el que lo va a sustituir, el ministro Víctor Núñez.

Imagen - Editorial

Para cualquier persona que ocupa un puesto -relevante o no- en el sector público, sea por nombramiento o por elección en las urnas, la honestidad tendría que haber sido su principal norma de conducta.

Está sobradamente constatado, sin embargo, que algunos -no todos- traicionan la confianza depositada en ellos y utilizan su poder para obtener ganancias por medios ilícitos. Su ubicación privilegiada les permite obtener favores al margen de la ley y de la ética.

El ámbito en el que más notoriedad pública adquiere la corrupción es el judicial. Las cámaras ocultas con frecuencia sorprenden a fiscales y jueces que -directamente o por interpósitas personas- venden sus decisiones. Y aun así, los que también tienen como práctica habitual hacer lo mismo para obtener ingresos de forma irregular no aprenden la lección.

En lo que atañe a fondos que manejan los funcionarios públicos, por ejemplo, en concepto de viáticos, lo usual es que no devuelvan aunque les haya sobrado. Es más: inventan comprobantes para cumplir con las formalidades y quedarse con lo no gastado.

Es parte del mismo esquema cuando un administrador gasta a toda prisa a fin de año el dinero que iba a quedar como remanente, porque, de no hacerlo, debe ser devuelto al Ministerio de Hacienda.

Dentro de idéntico capítulo de la deshonestidad, los fondos asignados a gastos reservados constituyen un precioso botín para aquellos en cuyas manos caen. Ya que es un cheque en blanco que se les otorga sin la obligación de rendir cuentas a nadie, lo más seguro es que sean utilizados discrecionalmente incluso para rubros superfluos o completamente ajenos a las tareas desempeñadas.

En un país de valores trastrocados donde lo anormal es lo normal y viceversa aparece el gesto del Dr. Benítez Riera al término de sus funciones como presidente de la Corte Suprema de Justicia. La devolución de 1.100 millones de guaraníes destinados a gastos reservados en el ejercicio fiscal 2011 y enero de 2012 que hace al Ministerio de Hacienda no debería ser nada del otro mundo. Atendiendo al contexto paraguayo, sí es sumamente significativo. Es una evidencia de su respeto a la cosa pública.

En el Paraguay, desafortunadamente, en el sector público no hay conciencia de que los fondos del Estado deben ser manejados con honestidad y transparencia.

El gesto del ministro Benítez Riera es un llamado a viva voz a los funcionarios judiciales sin escrúpulos y venales. El mensaje es que sean honestos y no ladrones de cuello blanco que se enriquecen con la desgracia de los que caen en su jurisdicción.

Es también un desafío a su sucesor, el Dr. Víctor Núñez. La opinión pública estará atenta dentro de un año para ver cuánto devuelve al fisco al término del ejercicio de la presidencia de la Corte Suprema.