27 oct 2026

El cierre de Ormuz apaga la cocina india: El mayor país del mundo se queda sin gas

Monika Devi lleva una semana haciendo fila para conseguir una bombona de gas. Cada día, se levanta a las tres de la mañana, toma su cilindro vacío y se desplaza hasta una callejuela de Noida, ciudad satélite de Nueva Delhi, donde el camión de gas solía hacer las recargas.

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La guerra en Irán provocó una escasez de gas licuado de petróleo (GLP) en la India.

Foto: realinstitutoelcano.org.

Ella, al igual que las más de 200 personas que esperan en este punto, se irá de nuevo con las manos vacías.

La guerra en Irán ha provocado una escasez nacional de gas licuado de petróleo (GLP) en la nación más poblada del mundo, un combustible del cual la India importa el 54 % a través del estrecho de Ormuz. “Estamos cocinando con leña. Es la única alternativa para alimentar a nuestros hijos”, dice Devi, quien a sus 50 años trabaja limpiando casas por 6.000 rupias (unos 65 dólares) al mes.

En un afán por proteger a los 1.400 millones de habitantes del alza global de precios, el Gobierno ha mantenido las tarifas domésticas en unas 900 rupias (9,72 dólares) por bombona.

Sin embargo, las autoridades niegan la existencia de un desabastecimiento, con la petrolera estatal Indian Oil Corp pidiendo “no prestar atención a rumores”. Mientras tanto, en Noida y en todo el país, las filas son cada vez más largas.

Vivek Yadav, un joven de 22 años que trabaja en una fábrica de textiles, dice que en su casa se acabó el gas hace dos semanas, y desde entonces pasa horas en vano en el punto de distribución.

“No puedo ir a trabajar, así que tuve que pedir prestado dinero a un amigo para que mi familia pueda sobrevivir. En vez de comer cuatro rotis (pan), comemos dos”, lamenta.

Solo este lunes, las reservas en línea de bombonas de GLP aumentaron en 92 % en comparación con el promedio, según cifras oficiales. Pero lograr una cita no es garantía: en otra fila de gas en Noida, varias personas le mostraron a EFE mensajes de empresas repartidoras afirmando que cumplieron con los pedidos, cuando en realidad los cilindros nunca llegaron.

“Los más pobres son los principales afectados”, afirma el economista Santosh Mehrotra, profesor en el Centro para el Desarrollo de la Universidad de Bath. La razón, explica, es que las clases altas suelen vivir en barrios con suministro de gas por tubería, y la clase media puede permitirse tener bombonas de reserva.

Aquellos que pueden pagarlo acuden al floreciente mercado negro de GLP que ha tomado fuerza en medio del caos, con vendedores informales cobrando hasta cuatro veces más que el precio regulado por una bombona.

Para frenar la reventa ilegal, las autoridades llevaron a cabo más de 3.000 redadas solo el pasado lunes, además de 1.200 inspecciones sorpresa en las compañías distribuidoras.

“La guerra restringe la oferta y los topes de precios limitan la respuesta del mercado. Al combinar ambos factores, la escasez se vuelve inevitable y los mercados informales intervienen para satisfacer la demanda”, explica Shishir Priyadarshi, presidente de la Fundación de Investigación Chintan y exdirector de la Organización Mundial de Comercio.

A medida que avanza la mañana en la fila de Noida, el calor y el cansancio se apoderan de una multitud que pide respuestas. Algunos culpan a su Gobierno, otros a Irán o a Estados Unidos. Todos concuerdan con que el país no había visto una crisis energética así en décadas.

“La situación es peor que en el confinamiento (durante la pandemia)”, lamenta Fayazul Haque, de 63 años.

Desde que inició la guerra en Irán, seis barcos indios han logrado cruzar el estrecho de Ormuz, y el Gobierno se ha sumado a los esfuerzos diplomáticos por garantizar el comercio de combustible.

“El conflicto con Irán ha demostrado la fragilidad de la logística energética global, especialmente para países como India, que dependen en gran medida de las importaciones de Oriente Medio”, dice Priyadarshi.

“Esta crisis debería servir como una llamada de atención”, concluye en una reflexión sobre la India de 2026, donde la tecnología digital permite reservar una bombona en segundos, pero la crisis global obliga a cocinar con ramas secas.

Fuente: EFE

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