07 abr. 2026

Egresa de Harvard paraguayo que activa contra corrupción

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David Riveros García, egresado de Harvard.

En la salita de una casa del Área 6 de Hernandarias, donde pasó su infancia, David Riveros García leyó junto a su hermano un correo que cambiaría su vida; había sido aceptado en la Maestría en Administración Pública de la Harvard Kennedy School con una beca completa. Hoy flamante egresado recuerda que leer su admisión no fue un momento de saltos de alegría

“Fue de dolor. Por lo que representa que uno de nosotros que no tuvimos la educación de élite, no nacimos con un apellido, no somos “el hijo de” y no tenemos una herencia que no sea el sacrificio de nuestros padres. El dolor de la injusticia de que yo llegué a pesar de todo eso y que, por ende, mi responsabilidad es quebrar esas frases que dicen que “el que quiere, puede”. Porque muchos quisieron más que yo, se sacrificaron más que yo, pero esa injusticia de la falta de oportunidades”.

David tiene 34 años. Nació en Hernandarias y creció en Ciudad del Este, aunque se siente profundamente pilarense por raíces familiares y por haber “bebido del Ñeembucú”. Se describe como “hijo orgulloso de un ex lustrabotas y una nena adoptada de la calle”, quienes apenas lograron terminar el colegio cuando él ya estaba en sexto grado.

“Crecí a la sombra de gigantes, personas sin mucha educación formal, pero con dignidad inquebrantable”, cuenta. Para él, su historia no es excepcional, sino el reflejo de una comunidad olvidada que resiste, que comparte lo poco que tiene, y que lo empujó a soñar, siempre con los pies bien puestos en la tierra.

Al hablar de su paso por Harvard, David evita la narrativa de siempre, porque generalmente se dice que es una ‘‘prueba de que los paraguayos podemos con sacrificio y esfuerzo’’. Pero eso, según el joven, ‘‘ofusca las desigualdades estructurales”.

Estudiar allí fue para él una forma de poner en evidencia lo mucho que cuesta para un estudiante de la educación pública llegar al mismo lugar donde otros llegan con menos esfuerzo y más recursos. “Hoy un alumno que quita 2 o 3 en el ASA sigue teniendo mejor preparación que uno de la pública que se esfuerza por sacar 5”.

Por eso, insiste en que debemos hacer el esfuerzo de cambiar eso, juntos. La educación pública y las mejores escuelas privadas deben trabajar lado a lado. ‘‘No necesitamos más graduados de Harvard para resolver nuestros problemas nacionales, necesitamos escucharnos desde adentro”.

Durante los dos años de maestría en Harvard, David vivió momentos de introspección y desafíos personales. Compartió clases con estudiantes que van desde activistas perseguidos hasta partidarios de Trump. “Me vi reflejado, tanto en mis defectos como en mis fortalezas”.

Premiado. Y aunque no lo buscaba fue el primer paraguayo en recibir el prestigioso Gleitsman Leadership Fellowship y también el Cheng Fellowship, considerado el reconocimiento más importante en innovación social de Harvard entro otros. Además, la Kennedy School le dedicó un perfil institucional, distinción que pocas veces se concede.

A pesar de su exitosa experiencia , David no se aleja de Paraguay. Al contrario, se siente cada vez más arraigado. “Me he dado cuenta de que amo tanto a mi país que eso implica entender y querer a colorados tanto como a liberales. No por estar de acuerdo, sino porque esa es la democracia”, expresa. Y añade que “la democracia necesita respirar conflictos. Solo la dictadura respira silencios”.

Ese episodio lo marcó y le dio sentido a su camino. A raíz de esa experiencia, fundó reAcción Paraguay, una organización que desde sus inicios se propuso combatir la corrupción en el ámbito educativo. Durante los primeros años se reunían en plazas, patios de comida y aulas prestadas. “Tenía un solo escritorio, dos computadoras, tres sillas y un sofá. Trabajábamos y comíamos ahí’’.

Pasaron seis años hasta que pudieron alquilar una oficina y contratar personal. Él no tuvo ingresos de la organización durante los primeros diez años.

En 2014 comenzaron a monitorear el uso del Fonacide en Ciudad del Este, logrando quintuplicar su correcta inversión entre 2015 y 2017, incluso durante la administración del clan Zacarías. Su equipo, con un promedio de edad de 25 años, logró que el monitoreo ciudadano se convirtiera en política nacional. “En 2020 reformamos la política de contrataciones para infraestructura educativa con el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) y la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP), y hoy nuestro monitoreo alcanza a todos los municipios del país”.

De Harvard se lleva muchas ideas, pero sobre todo una certeza: no hay atajos para construir democracia. En 2011, se creía que redes como Facebook y Twitter impulsarían la democracia al facilitar las movilizaciones de la Primavera Árabe. Sin embargo, con el tiempo se vio que ni siquiera Túnez logró una democracia estable, y hoy se sabe que esas mismas redes han sido usadas para sabotear elecciones.

“Las redes sociales nos han malacostumbrado a la gratificación inmediata, pero los cambios verdaderos toman tiempo. No se trata de viralizar, sino de organizar”.

En ese sentido, advierte sobre los riesgos de encerrarse en burbujas ideológicas. “La claridad moral puede cegarnos. Si creemos que nuestra posición es la única válida, terminamos alimentando el autoritarismo que decimos combatir”.

A David no le interesa ser ejemplo, sino parte de una transformación colectiva. Afirma que cuando llegamos, debemos llegar por todos. ‘‘Creer que llegamos solos es escuchar solamente el suspiro del ego”.

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