En recorrido por los pasillos de IPS, el equipo de investigación de Última Hora y Monumental 1080 AM se encontró con Miguela Cañete, ella esperaba pacientemente la recuperación de su esposo Marcial García. Ese día, a primeras horas de la mañana ya había acercado medicamentos por G. 180.000, la lista incluía omeprazol y otros insumos básicos. Miguela compartía que esa era casi una costumbre y se volvió su promedio básico de gastos. Este lunes Marcial falleció. Tuvo que esperar semanas para una intervención cardiaca tras un cateterismo, la espera fue por falta de recursos y en ese tiempo contrajo Covid, lo que sumó más tiempo a su ya grave estado.
Su esposa, Miguela Cañete, relató el proceso que atravesaron en el hospital, donde la espera terminó agravando la situación del paciente. Marcial García ingresó al IPS el 28 de enero para someterse a un cateterismo. El estudio confirmó la gravedad de su cuadro cardiaco.
“Él cuando ingresó, ya el 28 de enero, se le hizo todito el cateterismo, a él le salió todo bien su cateterismo, ahí fue lo que le detectaron que él ya tenía las cuatro arterias obstruidas”, recordó su esposa.
Tras el procedimiento fue trasladado al séptimo piso, donde debía prepararse para una cirugía. Sin embargo, la intervención no podía realizarse de inmediato porque la familia debía reunir insumos, medicamentos y donantes de sangre.
“Después ya nos pidieron donación de sangre, que tenía que ser 16 donantes, después ya nos dieron la lista y como todo el mundo acá en Paraguay sabe que no hay, se tuvo que hacer actividades de pollada, juntar la plata necesaria para poder someterse a una operación”, contó.
El proceso para reunir todo lo necesario se prolongó durante semanas. El cateterismo además ya les había costado G. 1.200.000 y luego comenzaron a sumarse otros gastos.
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Durante la internación también se solicitó un antibiótico de alto costo. “La doctora indicó cinco días de antibiótico, era un antibiótico muy caro que el IPS proveyó, costaba un millón quinientos”, señaló. “Después las dos dosis a él le faltaron, ya no tenían más en IPS”, relató.
La familia organizó actividades solidarias en su barrio para juntar el dinero. Según Cañete, el monto total que se llegó a gastar para preparar la cirugía fue de más de G. 12 millones. “Se gastaron casi G. 12 millones y medio en la cirugía, porque ahí adentro no hay nada, se tiene que comprar todo”, afirmó.
Mientras reunían los insumos, Marcial permanecía internado. Fue en ese periodo cuando se produjo un hecho inesperado. “En ese momento de espera para conseguir todo su insumo fue lo que le agarró en la sala Covid-19”, relató.
El día que debía realizarse la cirugía se le practicó un hisopado que confirmó que tenía Covid-19 asintomático. La intervención tuvo que suspenderse. El paciente fue aislado durante ocho días y luego debió esperar quince días más antes de poder ingresar a quirófano.
Finalmente, cuando lograron reunir todos los insumos y el paciente superó el Covid-19, los médicos realizaron la cirugía. “Él tuvo dos aberturas, tres cirugías en total, aguantó todito”, dijo. Sin embargo, el proceso de recuperación se complicó. “Ese domingo amaneciendo para el lunes hizo su primer paro, después el otro paro que ya no aguantó más”, relató.
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Pese al desenlace, Cañete insiste en que el personal médico hizo todo lo posible por salvarlo. “La capacidad médica es excelente, ellos lo humanamente posible hacen por cada enfermo, es lo importante que hay que recalcar, no hay que mentir, ellos no tienen la culpa”, afirmó.
Para ella, el problema radica en la falta de recursos dentro del sistema. “Son las cabezas que están ahí, como presidente o gerente, porque a cada asegurado ellos le quitan mucho y no hay insumo, remedio”, sostuvo.
Durante el mes y 22 días que pasó dentro del hospital, asegura haber visto situaciones similares entre otros pacientes. “Acá en Paraguay hay mucha solidaridad y gracias a ello se consigue con donaciones de otras familias que están ahí adentro”, comentó.
Hoy, tras la muerte de su esposo, intenta seguir adelante por su familia. “Hasta el último guaraní yo gasté por él lo que se había juntado y ya dejé en manos de Dios… tengo una hija discapacitada por quien luchar”, concluyó.
Marcial García es recordado en su barrio donde mantenía su grupo de estacioneros, y por su solidaridad, que –como comentó su esposa– se vio reflejada en las colaboraciones para los medicamentos. García le dejó encargado a Miguela su tan querido grupo de estacioneros para “seguir cantándole a Dios”.