15 abr. 2026

Educación

Por Guido Rodríguez Alcalá

Guido.jpg

La manifestación del viernes pasado en el centro de Asunción mostró que los jóvenes toman en serio sus responsabilidades: piden y tienen derecho a una educación mejor. Contagiado por el entusiasmo juvenil, me permito unos comentarios sobre el asunto del momento.

Comenzaré citando un artículo del padre Jesús Montero Tirado, publicado en el semanario Tiempo 14, el 7 de julio de 1993.

Por entonces, por ley, la educación gratuita y obligatoria eran seis años, y se proponía que fueran tres más, nueve en total. El artículo señalaba cosas que no se tenían en cuenta: la deserción escolar era del 57%; vale decir, de cien niños que entraban al primer grado de la escuela, 57 no llegaban al sexto. Eso se debía, en parte, a que el 27% de las escuelas tenían solamente hasta el tercer grado. Además, muchas de las que tenían los seis grados acusaban serias deficiencias: por ejemplo, niños de más de un grado debían dar clase en la misma aula por la falta de espacio.

En resumen, no existían ni suficientes escuelas, ni suficientes maestras, para que pudieran completar los seis grados todos los niños en edad escolar.

Sin embargo, en vez de hacer que se cumpliera la obligación de los seis años, se agregaron otros tres más. ¿Por qué? Porque el BID ya había concedido los créditos, según me dijo una persona allegada al MEC. Por supuesto, la deserción aumentó a medida que aumentaron los años de enseñanza presuntamente gratuita y obligatoria.

No sé si el BID también metió la mano en el aumento de las asignaturas que se deben enseñar y aprender, más de las que había en el viejo bachillerato. En el llamado nivel medio, hay 14 materias en el primer curso, otras 14 en el segundo y 15 en el tercero (los que serían el cuarto, quinto y sexto del bachillerato).

En el primero, se enseñan dos horas semanales de Historia y Geografía, que forman una sola materia, pero cuatro de Sicología, cuatro de Educación Vial, cuatro de Antropología Cultural, dos de Antropología Social y dos de Estadística.

No veo la ventaja de enseñar Antropología Cultural y Social antes de enseñarse Antropología General; tampoco veo la ventaja de enseñarla en el primero. De todos modos, que esas dos materias se lleven seis horas, mientras que Historia y Geografía reciben solamente dos, me parece desproporcionado.

Educación Vial (4 horas) puede ser útil para quienes manejan un auto, que no son la mayoría de los estudiantes, y no puede llevarse más tiempo que Castellano (3 horas).

En el segundo curso se tienen dos asignaturas curiosas: Orientación (4 horas) e Investigación Social (2 horas). Con el pobre equipamiento de muchas escuelas públicas, ¿qué investigación seria puede hacerse? Esas dos materias reaparecen en el programa del tercer curso, donde también hay Política (2 horas), Sociología (3 horas), Economía y Gestión (2 horas) y Educación Económica (3 horas). Son demasiadas materias y, a juzgar por los resultados, se las enseña mal.

¿Por qué no optar por un programa de estudios realista, que pueda y que merezca enseñarse? Porque el contenido de la educación, elemental y media, deja mucho que desear, y es la causa de muchos males de la universitaria.