En la construcción de un edificio, el uso de un material frágil y transparente como el vidrio podría resultar contradictorio. Sin embargo, cada año aumenta el número de edificios espejados en las ciudades más grandes del mundo, lo cual derriba la teoría simplista que asocia vidrio a fragilidad. En Paraguay, la tendencia espejada está presente y se ve reflejada -aunque todavía no en rascacielos- en las nuevas e imponentes construcciones corporativas de la zona de Villa Morra o sobre la calle Aviadores del Chaco.
Es que desde que los fabricantes del legado asiático se han perfeccionado en la elaboración de prototipos resistentes -la mayoría templados y de gran dureza-, los cristales se han convertido en una atractiva manera de revestir construcciones, por lo general, corporativas, ya que los edificios destinados a departamentos requieren la privacidad que solo los ladrillos saben ofrecer.
El hecho de que en la actualidad muchos arquitectos prefieran utilizar el vidrio como material sobresaliente en las fachadas, y no en la totalidad de la construcción, no responde al gusto personal del profesional, sino a una serie de requerimientos, según explica el arquitecto Víctor González Acosta, un entusiasta de los frentes vidriados.
“La impronta común en todo el mundo es que la caja de vidrio está superada”, señala refiriéndose a construcciones como el Ayfra, edificio céntrico emblema de la modernidad asuncena del siglo pasado.
“Esa es una propuesta de los años 70, de cuando recién se descubría el valor de los materiales como el vidrio. Si hoy hablás con los que están trabajando ahí hacia el oeste (la entrada del sol), van a responder que no soportan el calor, porque esa es la condición climática del lugar”, asegura el constructor. En su opinión, este tipo de edificios no encuentra inconvenientes en países con clima frío, donde las temperaturas que rozan los 42 grados ni siquiera forman parte del imaginario colectivo. No así en el nuestro.
La solución a este caluroso conflicto no se encuentra en la utilización de aparatos de aire acondicionado de mayor potencia, que además de incorporar los costos de energía, agreden calamitosamente al medio ambiente. Para González Acosta, la buena distribución de los materiales, es decir del vidrio y de los ladrillos, es una solución altamente constructiva.
“Hoy, la tipología dominante en el mundo es la de los edificios con un nivel de transparencia que permita el confort en sus cuatro lados. Se buscan edificios que se vinculen y que dialoguen con el medio ambiente y con el entorno”, señala.
Para una buena distribución de los materiales a utilizar en la construcción, resulta ideal adoptar los conceptos básicos con los que los misioneros jesuitas edificaban, explica González Acosta. “Cuando ellos construían una iglesia rectangular, sometían el lado más corto del edificio al oeste, y en el lado menos impactado por los rayos del sol, ubicaban la fachada más larga de la construcción”, señala. Este es el lado, donde por lógica y conocimiento ancestral, debería estar ubicada la fachada, en especial, si lleva vidrio.
ESTÉTICA IMPORTADA. Con edificios como el Ayfra, pasados de moda “debido a que no acompañan las condiciones climáticas del Paraguay”, según palabras de González Acosta, la arquitectura -que no es otra cosa que una respuesta a las necesidades del ser humano en un espacio determinado-, se adapta a las necesidades locales. En ese sentido, el arquitecto sugiere evitar copiar solo por responder a cánones estéticos, “de lo contrario, estaríamos transportando modelos que pueden ser muy buenos para Finlandia, pero muy malos para Paraguay”, señala.
El arquitecto Solano Benítez coincide en que la utilización inadecuada del vidrio, así como de cualquier otro material, puede convertirse en un problema.
“Ningún material es trágico en sí mismo, el problema es cómo se utiliza. El vidrio es un material espectacularmente noble e interesante para muchos efectos, pero cuando se utiliza de manera inadecuada se convierte en un problema de la misma manera que una pared de ladrillo visto, de adobe o de lo que fuere”, indica Benítez.
Cuánto vidrio usar
Como el tipo de vidrio está directamente relacionado a su capacidad térmica y acústica, estas características también influyen en el costo del material, que en nuestro país se incrementa notablemente debido a que es importado. Entre los más económicos se encuentran el vidrio común, entre todos el más frágil (si se golpea se fragmenta y se astilla). Otro tipo más duro es el templado (blíndex) que, por su mayor resistencia, es utilizado en bancos o entidades que requieren mayor seguridad. Los laminados, en cambio, son los que cuentan con una capa protectora especialmente puesta para contener a los pedazos en caso de rotura. Este tipo es también utilizado en los vehículos.
Tanto los templados, como los laminados, pueden ser a su vez reflectivos, los cuales repelen mejor los rayos del sol. Sin embargo, la mejor respuesta para contrarrestar el calor sigue siendo el termopanel, un tipo de vidrio que consta de un vidrio normal laminado en el interior, un vidrio reflectivo en el exterior y gas inerte en el centro.
Para Solano Benítez, el tipo y la cantidad de vidrio a utilizar debe estar siempre en función a la propiedad y a la ciudad en la que se instala. “Si a esa obra no le interesa su entorno, evidentemente, se van a utilizar mayores superficies reflectantes, mayor cantidad de exposición solar. En cambio, si esa obra entiende que es una oportunidad de mejorar la calidad de vida de las personas, pretenderá otorgar sombra, mejorar la condición de viento, etcétera. Para todo eso se puede utilizar maravillosamente el vidrio”, señala.
Además, asegura que para hacer frente al calor, las persianas en el vidrio y el aire acondicionado eternamente encendido no son las únicas armas. Una de las alternativas para contrarrestar al aire caliente es simular el efecto de una chimenea en la que una corriente de aire positiva hace que la corriente caliente suba lo más rápido posible. Automáticamente, el aire fresco circula con mayor facilidad y ya nadie puede echar la culpa al sol que se mete por la ventana.
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LA DOSIFICACIÓN CORRECTA. Para González Acosta, el uso del vidrio en construcciones debe estar contemplado tanto desde el interior, como desde el exterior del edificio. Desde el interior al exterior, a fin de aprovechar la luz natural y obtener el mejor paisaje; y desde el exterior al interior, para regular la intensidad del calor que ingresa a la habitación.
Para Solano Benítez, en cambio, no existe una fórmula, sino respuestas a distintos intereses: “Cuando no hay sensibilidad ni interés por el otro, la construcción deja de ser solidaria, deja de integrarse a la ciudad y se convierte en un objeto que se autosatisface”.
Texto: Patricia Benítez
Fotos: Fernando Franceschelli